Nolan se sentó en su oficina en silencio mientras tenía la mente hecha un lío, ahora mismo necesitaba poner muchas cosas en orden. Tomando su teléfono, llamó a Layla para que le trajera los informes en los que le había dicho que trabajara, pero no pudo comunicarse. Nolan se estaba frustrando cada vez más. No podía creer que Layla estuviera ignorando sus llamadas, ella solía ser tan puntual y atenta. Empezó a preocuparse de que algo pudiera estar mal. —¿Layla, me puedes oír? —dijo al teléfono, elevando un poco la voz. No hubo respuesta. Colgó el teléfono y salió al pasillo, buscando alguna señal de Layla. La oficina estaba extrañamente tranquila y no había rastro de ella en ningún lugar. ¿Dónde podría estar? Pensó preocupado. Casi como si hubiera desaparecido en el aire. Nolan fue a

