Nolan llevó a Layla a su coche y la ayudó a entrar cuidadosamente. —¿Cómo estás? —preguntó con preocupación en sus ojos después de subir también al coche. No había manera de que Scarlet se saliera con la suya. No después de lo que le hizo a Layla. —Estoy bien... —Layla sollozó mientras luchaba contra las lágrimas. —No estás bien —dijo Nolan con dulzura pero firmeza —. Y está bien. Has pasado por mucho. Pero no tienes que ocultar tus sentimientos de mí. Estoy aquí para ti. Layla lo miró con los ojos abiertos, un poco sorprendida por su compasión. Esperaba que él estuviera enojado con ella por causar tal escena en su compañía, pero en cambio, él le ofrecía consuelo y comprensión. Era más de lo que ella podría haber esperado. —Gracias —susurró, su voz temblorosa. —No sé qué hacer, Nola

