Regan se detuvo frente a una empresa alta y grande.
Según lo que Aurora le había dicho a Layla, la compañía de Raleigh estaba ubicada en diferentes partes del mundo, pero la sede central estaba aquí mismo en Nueva York.
—Aquí estamos, bajita —dijo Regan mientras Layla miraba fijamente la empresa.
—Gracias por todo —dijo Layla bajando del auto.
—De nada, disfruta tu primer día de trabajo —se despidió agitando la mano mientras Layla cerraba la puerta.
—Adiós —se despidió mientras lo veía alejarse conduciendo.
Regan le había contado todo lo que ella necesitaba saber mientras conducían hacia aquí, ella había sido nombrada como secretaria. Según él, tenía mucha suerte de haber conseguido el trabajo.
—Bien —Layla respiró profundamente, observándose a sí misma.
—Aquí voy —susurró para sí misma mientras caminaba hacia la entrada de la empresa.
Al entrar a la empresa, conoció a una mujer con el cabello rubio y lacio en la recepción al lado de ella estaba otra mujer que estaba hablando por teléfono.
—Hola —murmuró Layla nerviosamente.
—Hola, ¿en qué puedo ayudarte? —La mujer preguntó de manera educada.
—Soy Layla Marko...
—¿Layla Markos, verdad? —interrumpió con una pregunta mientras Layla sacudía lentamente la cabeza.
—Sí —Layla murmuró.
—Debes ser la nueva secretaria —dijo.
—Sí, lo soy.
—Ven conmigo, por favor —indicó con una sonrisa mientras salía de la mesa de recepción y Layla la seguía de cerca hacia el elevador.
—Llegas tarde —dijo mientras ambas entraban al elevador y la mujer presionaba el botón con el número veintinueve escrito.
—Y... yo… —Layla tartamudeaba buscando una excusa razonable.
—Está bien, no te agobies —ella intervino dulcemente.
—Solo asegúrate de ser puntual a partir de ahora y estoy segura de que el Sr. Alden podría ser un poco más comprensivo contigo, ya que es tu primer día —dijo, y lo único que Layla pudo hacer fue asentir con la cabeza.
—El Sr. Xander te guiará en todo lo que necesites saber, así que estás en buenas manos —dijo.
—Y también, hay reglas básicas que debes seguir, no tendré tiempo para explicártelo todo, pero te daré los conceptos básicos —afirmó, mientras Layla indicaba que estaba escuchando.
—Trabajarás como secretaria del presidente, solo puedo decirte dos cosas. Primero, nunca lo mires a los ojos —advirtió en un tono frío que hizo que Layla se estremeciera.
Bueno, ella no vino aquí para mirar a los ojos de las personas, vino aquí a trabajar. Ella puede hacerlo bastante bien.
—Y por último, mantén una buena distancia; en resumen, no te metas en su libro n***o, si quieres durar mucho tiempo aquí.
El elevador hizo un sonido de timbre indicando que habían llegado a su destino.
Saliendo del elevador, Layla siguió a la mujer mientras ella la guiaba por los pasillos.
De la conclusión de Layla, quienquiera que fuera el presidente, necesitaba evitarlo, por la forma en que la mujer hablaba, parecía que era muy temido.
—Disculpa —comenzó Layla, curiosa por hacer una pregunta.
—Sí, ¿alguna pregunta?
—Um, ¿qué querías decir con durar mucho tiempo aquí? Es bastante confuso —Layla rio tímidamente.
La mujer se detuvo en seco, Layla hizo lo mismo de inmediato.
Se volvió hacia Layla con una expresión sombría en su rostro.
—Es simple, es porque ninguna de las secretarias que ha trabajado bajo el mando del presidente ha durado más de un mes, el récord más alto es un mes y una semana —dijo y Layla se sorprendió.
—Pero, ¿por qué? —balbuceó ella.
—Porque cometieron errores —respondió volviéndose lejos de Layla mientras continuaba trabajando.
—¿Qué tipo de errores, tal vez debería conocerlos para evitarlos en el futuro? —Layla solicitó, lo último que quiere es perder este trabajo, el pago es muy bueno y no quiere que Regan se moleste en encontrarle otro trabajo.
—En primer lugar, odia la impuntualidad, y segundo, el presidente es fácilmente paranoico, así que cualquier error, estás fuera —respondió y Layla se encontró riendo divertida.
—Y mi nombre es Bertha —se presentó.
—Hemos llegado —anunció Bertha mientras se detenían frente a una puerta.
—Esta es tu oficina —informó abriendo la puerta mientras ambas entraban.
—Y la oficina del presidente está a la derecha —informó Layla anotando todo cuidadosamente.
—Gracias —murmuró.
—El Sr. Xander estará aquí en cualquier momento para guiarte, porque comenzarás a trabajar de inmediato, ya que la última secretaria acaba de ser despedida, confía en mí, hay mucho trabajo esperándote —dijo mientras Layla sonreía.
—Puedo manejar eso —dijo suavemente.
—Estoy segura de que sí.
—Parece que le tienes mucho miedo al presidente —razonó Layla. Por la forma en que ella hablaba, uno podría darse cuenta fácilmente.
—Todos le temen —respondió Bertha y casi de inmediato la puerta se abrió y entraron dos hombres.
Bertha inmediatamente inclinó ligeramente la cabeza al verlos, pero Layla se encontró mirándolos.
Dos hombres increíblemente atractivos. El hombre con traje marrón, cabello marrón, ojos marrones, era excepcionalmente lindo y lucía agradable, pero el hombre junto a él irradiaba dominio y tenía esta aura peligrosa, parecía un chico malo, aquel del que la mayoría de los padres advertirían a sus hijos que se alejaran, inconscientemente miró sus ojos y se congeló cuando vio sus ojos azul hielo mirándola directa y peligrosamente.
Bertha seguía halando la camisa de Layla, tratando de decirle que apartara la mirada, pero Layla no podía.
Sus ojos azul hielo le parecían muy familiares, realmente muy familiares y si su memoria no le fallaba, su rostro también le resultaba familiar. Entonces se dio cuenta de quién era, era el hombre de aquella noche, el del que está embarazada. Layla quería gritar, pero no salían palabras de su boca.
Sintió su mirada dura mientras apretaba el puño, parecía como si fuera a arremeter contra ella. Luego gruñó de ira, el tipo de gruñido que hizo que tanto Layla como Bertha se estremecieran de miedo, luego su voz fuerte resonó en la habitación.
—¡¿Qué demonios estás haciendo aquí?!