Capítulo 25

2318 Palabras
— ¡Hey cuña! ¡DESPIERTA! ¿Ehh? — Vamos angel despierta. Abro mis ojos poco a poco acostumbrados a la luz del día. — ¡Anda! Ya son las ocho de la mañana, ven, arréglate. — ¿Leah? ... — ¿Desde cuándo está aquí? — ¡Si chica! ¡Despierta! — la veo sonreír. — ¿Cuando llegaste? ... — un momento ¿Y los chicos? ¿En qué momento se fueron? — Ámbar, estoy aquí desde — levanta su muñeca y dice — aproximadamente 15 minutos. Increíble... Si que estaba cansada. — Bien, traje el desayuno ¡Anda! Te espero para desayunar. — dice y sale de mi habitación. Wow, que descarga de energía tan positiva. Bostezo estirandome mientras me levanto de la cama. Mmm ¿Ayer me puse está pijama? ... No que yo recuerde... ¿O si? Ah da igual, ¡Que sueño! — Angelito muévelo que tengo mucha hambre. — me grita Leah desde afuera. — ¡Voy! — respondo caminando al baño. Primero lo primero. 20 minutos después Vaya vaya que desayuno ¡Tan delicioso! Pan baguette, pastelitos de manzana y juguito de fresa. ¡Yumi! ¡Yumi! ¡Cada bocado me sabe a gloria! — ¿Estos los hiciste tu?— dije con la boca medio llena. ¡Leah está guapísima! anda con un vestido blanco medio ceñido al cuerpo con corte en V por los muslos, las mangas le llegan hasta las muñecas y en cada una tiene un bojote de pulseras de todo tipo. Botas que le llegan hasta un poco más arriba de la rodilla y en su cabeza tiene por la frente una cinta que combina con el color de las botas. Mientras que yo voy vestida con un conjunto de pijama tipo bata con una mariposa en todo el centro de mi barriga. Vamos que más diferentes no podíamos estar. — Sí, ¡Este es mi desayuno favorito! Lo hago cada que puedo y a Connor también le gustan más que todo los pastelitos de manzana. — me responde mientras alza uno y se lo come. — ¡Delicioso! — sonríe y yo sigo con mi tercer pastelito. Mirando a todos lados, volteo y no hay nadie más que nosotras ¡Un momento! ¿Dónde están los demás? — Leah ¿Y mis padres? — decido preguntarle, ayer no los ví y hoy tan temprano ninguno está. — Tu papá en el trabajo y tu Mamá salió con Christian, dijo que tenían que hacer unas compras. — comenta sin apuros, saboreando su más que exquisito pastelito. Un rato después de haber desayunado saca por debajo de su asiento una bolsa de regalo y lo pone justo frente a mi. — ¿Y esto? — le digo sorprendida. — ¡Póntelo! Abro la bolsa y saco de ella un vestido hermosísimo, la tela es suave y no pesa. Lo extiendo en mis manos para mirarlo mejor y ¡Me encanta! Mi expresión se lo demuestra. — ¡Sabía que te gustaría! — dice contenta — Lo ví ayer mientras estábamos de paseo por la costa y no me aguante, de allí compre esta maravilla — dice haciendo una reverencia al vestido que tiene puesto. — Te lo pensaba dar ayer, pero no me atreví a qué esos dos me fusilaran viva. — dice con burla, haciéndome acordar la mañana de ayer. — Leah, ¿Cómo supiste dónde estábamos ayer en la mañana? — pregunto tranquila, no le estoy reclamando, para nada. Aunque se le nota perdida con lo que dije. — No entiendo Ámbar ¿Cómo supe que? — ¿Tu no mandaste a tu primo al local donde estábamos Pierre y yo desayunando? Está me mira sorprendida y riendose comenta — No... ¿Por qué lo dices? ¿Acaso se te apareció allá? Aquí más sorprendida estaba yo, — Pues sí... Y no solo eso, se sentó a mi lado y me empezó a coquetear. — ¿Te coqueteó? — dice ella con cierta duda. — Bueno, eso creo. — suelto yo levantando la mirada respondiendo a su pregunta. — No se como James apareció justo en ese momento detrás de nosotros y la que se me armo cuando llegó Pierre y vio como James me sujetaba para separarme de tu primo. ¿Tu le enseñaste una foto mía? ... ¿Me describiste cuando hablaste con el? ... — porque de que otra manera supo que yo era la cuñada de su prima. — No — respondió ella sin titubeos. — Si hizo eso fué porque quería hacerlo. Yo nada más le había dicho que podría necesitar su ayuda, pero no le dije con quién ni que era. Woow... Esto si me descoloca totalmente. — ¡Ahhh! Por eso se pusieron así ayer — dijo cayendo en cuenta del comportamiento de ellos para con su primo. — ¡Ahora entiendo todo! — completo con soberana sonrisa. Ufs Leah y lo que pasó después de que se fueran... — Bueno y que estás esperando para probarlo — me apura señalando el vestido que me compro. Unos minutos después ya estaba estrenando mi vestido nuevo, que además y para mí mayor seguridad es de tipo shorts por debajo de la tela que cae estilo volandas. Es de color vinotinto pero tiene diseños de plumas blancas por todas partes. Delante me cubre los senos completamente pues el corte es casi en el cuello en círculo y por la espalda, un poquito más abajo de la nuca se unen las dos tiras que luego pasan a ser varias tiritas hasta un poco más arriba de mi cintura. El diseño es precisamente para lucir sexi aún estando embarazada por su escote en la espalda y además es corto, no me llega ni a la mitad de mis muslos, pero se me ve fenomenal. Decido recogerme el cabello para lucir el escote de mi espalda, me coloco unas sandalias bajas y me maquillo solo un poquito «polvo compacto y en los labios llevo brillo» nunca he sido de las que se desviven maquillando, primero porqué no sé cómo hacerlo y segundo pues porque nunca me he mortificado por aprender. En fin, antes de salir de la habitación me siento en la cama y volteo en ella todo lo que tengo en mi bolso para pasarlo a uno más pequeño, en ella se esparcen mi identificación, tarjetas, pastillas, mi teléfono y ¡Santo cielo! Lo había olvidado, mi collar y mi anillo de bodas está allí también... Los agarro en mi mano y me les quedó mirando. ¿Los dejo? ¿Los llevo? ¿Me los coloco? No, eso no sería correcto. Inconscientemente mi mano fué a parar a mi pecho, tenerlos así de cerca me pone sentimental. Se que lo mejor sería guardarlos, pero hago caso omiso a mi parte racional y me los coloco, deseo tenerlos conmigo. Tener el collar y mi anillo de compromiso es increíble, pareciera que era lo que me faltaba para estar completa. El collar me queda perfecto con el vestido y mi anillo da un toque especial con todo. Me doy otro vistazo en el espejo y salgo. — ¡Leah! Que tal ¿Cómo me queda? — le digo antes de llegar a la cocina, sin embargo cuando llego no la encuentro allí. — ¿Leah? — Aquí Ámbar. — la voz de James me sorprende por la espalda haciéndome sobresaltar y una vez paso el susto me volteo a verlo. Este me observa detalladamente y me toma por la cintura, nuestras miradas se conectan en cuestión de segundos, luego sin aviso me besa el cuello, ese roce me produce un rico escalofrío en todo mi cuerpo. — James ¿Que haces aquí? — le digo, más el no me responde. Sigue pegado su cuerpo al mío y sus manos tomando mi redonda cintura. — Estás hermosa Ámbar. — Su voz se tornó ronca. De pronto sus manos abandonan mi cintura y recorren las líneas de mi espalda acariciándola, sus dedos me rozan hasta mi cuello y mi cuerpo reacciona ante ello, cierro mis ojos y me dejó llevar por sus caricias, jadeo y James me atrapó con su boca, no pude controlarme, recibí gustosa su desenfrenado beso. Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo entero y las mías pasaron a reposar unidas en su cuello... ¡Oh cielos! Tanto tiempo sin sentirlo y pareciera como si nunca nos hubiéramos separado, me deleita con su boca, me derriten sus caricias. — Ámbar ¿Estás lista? — me gritan desde afuera. Leah nos interrumpe lo que pudo llegar haber sido un encuentro pasional, ya que las manos de James se habían posicionado en mi trasero y juro que si este vestido no tuviera el short debajo sus dedos juguetones no se hubieran detenido allí. Santa mierd... Lo que pudo haber pasado... Nos separamos lentamente y mis ojos se encontraron con los de él cuando los abrimos al mismo tiempo, me da un piquito en los labios y luego se separa de mi rápidamente. Yo, que aún no reacciono, me quedé aplastada en ese mismo lugar sin darme cuenta que Pierre estaba entrando en la cocina. Sin duda, los sentidos de James son excepcionales, siempre alerta. Claro, así es su trabajo. — ¿Estás lista pequeña? — me toma Pierre por la espalda mientras me pregunta. ¿Lista? Más bien perdida y con culpa a morir... El toque de Pierre en mi espalda descubierta se siente raro tras la acometida de James conmigo. Aún siento su sabor en mis labios. — ¿Ámbar? — Eh si ¡Lista! — trato de disimular ¿A dónde se fue James? ¿En qué momento salió? Confundida me deje llevar por Pierre hasta afuera, el me agarró posesivamente y salimos juntos de la casa, mi vista que aún seguía inconsciente trás aquel beso pasional se fijó en el dueño de mi nerviosismo montando lo que creo que es mi maleta al carro ¿En que momento la habrá sacado? ... Mejor dicho ¿Cuando yo preparé mi maleta?... El cuando se voltea y nos ve, su cara se transforma de alegre a sombría en segundos viendo como Pierre me sostiene. Pierre, por su parte, no cambia su agarre aunque James lo este matando con la mirada y Leah ya se había montado en la camioneta. Cuando Pierre me deja al lado de ella, es cuando decide separarse de mi. — ¡Justo a tiempo cuñi! — dice ella guardando su teléfono. — Ya le he avisado a mi amor que estaré en tu casa. — a los pocos segundos le suena el teléfono a Leah. Ella lo saca y luego de leerlo vuelve a guardarlo pero su sonrisa no abandona su cara. Las dos vamos sentadas en los puestos traseros y antes de que los chicos se monten, ella aprovecha y me cuenta en secreto — Nada más tu ir a cambiarte y ellos llegando a la casa. — comenta. — A mi me parece que están molestos, pero mira que lo disimulan muy bien cuando están a tu lado. Ahora que ella me lo dice es que lo notó, primero James entra y me da un beso que me deja alborotada «cosa que había entendido no harían» luego desaparece sin dejar rastro cuando entra Pierre y me toma posesivo... Hum aquí está pasando algo raro y espero que no estén volviendo a meter la pata conmigo porque esa si será la última vez. Por lo pronto, me relajo en el camino a los prados del este acompañada por la música de fondo, Leah está distraída mirando el paisaje igual que yo y en varias ocasiones le comento por dónde vamos y que es eso y que es aquello, tipo guía turística. Ella toma fotos de todos, hasta de los dos machoman que andan callados y solo abren sus bocas para decir si o no dependiendo de la pregunta. Cuando llegamos, Leah queda sorprendida y a mi me emociona y me llena de sentimiento el lugar, tanto así que me quedo parada frente a la casa imaginando cómo será mi vida a partir de ahora. Mi mente divaga con la imagen de un niño corriendo por el césped de la casa, el árbol de navidad que me gustaría colocar allí en esa ventana de la sala, yo sentada en el pórtico e incluso leyendo una novela con mi bebe recostada en el mueble de aquel rincón. — ¿Pasamos? — me dice Pierre tomando mi brazo con su sonrisa encantadora, lo miro y luego siento como me toman del otro lado, ese es James. Me sonrió a mi misma y les hago una seña para que entremos, eligieron bien la casa, sobretodo porque por la puerta entramos los tres sin necesidad de soltarnos. Leah sigue detrás de nosotros pero se tardó un momento antes de acompañarnos adentro. Cuando pasamos un “OH" salió de su boca, los chicos sonrieron porfin y yo me sentí aliviada de que la tensión entre ellos dos se disipará. — ¡Está casa es preciosa Ámbar! — dice Leah y la siento tan genuina y sincera que me llena de alegría. — ¡Siempre serás bienvenida aquí Azalea! — respondo con más cariño para ella, se lo ha ganado. James y Pierre se han separado buscando las cosas que trajimos en el carro, principalmente son bolsas de comida que llevan a la cocina mientras Leah y yo nos quedamos en la sala. Cuando terminan de guardar las cosas James se acerca y me dice — Preciosa saldremos un momento, pero regresaremos rápido. Te lo prometo. — dejándome un beso en la mejilla y después sale de la casa. Pasa Pierre saliendo de la cocina y hace el mismo proceso, se despide de mí, salvó que su beso me lo da en la frente y luego se va, cerrando la puerta tras el. ¿Ahora?
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