— ¡Ese! Ese te queda hermoso.
— Mamá pero si has dicho lo mismo con los otros cuatro vestidos.
¡Está madre mía! Me dice que me quedan bien todos.
— Si hija, pero es que no es mentira. Estas hermosa con todos.
— Vale, Vale. Ehh ustedes ¿Que opinan? — les pregunto a los gemelos.
— Bueno a mí me gustó el tercero, creo que es más de tu estilo hermanita. — dice Christopher.
Quién diría, mi hermano está siendo más objetivo con mi elección de vestido que mi madre. Aunque le debo dar la razón, ese tambien me gusta más. Es de corte imperio suelto de la cintura hasta abajo. Es sencillo y delicado a la vez. Me encanta su diseño y hace que me resalte mi pechos, además que, con mi pancita ya prominente no habrá problemas.
— Si, creo que se te ve fenomenal angelito — interviene Christian.
— ¡Verdad que sí! — interrumpe una de las vendedoras de la tienda. — Creo que ese le realza su belleza señorita.
Yo volteo a verla, es una muchacha morena muy bonita, al igual que carismática. No ve a los muchachos «Lo cuál es raro de por sí, porque todas caen a sus pies» al contrario, tiene su vista en mí emanando buena vibra a todos nosotros.
— ¿Que opina usted señorita? — me pregunta está última con su buen ánimo.
— ¡Me encanta! — les digo yo a todos. — creo que es el indicado. ¿Mamá que opinas tú?
— Hay hija, si tú ya sabes la respuesta. ¡Te vez hermosa con todo lo que te pongas!
Todos reímos incluso la vendedora que sigue cerca de nosotros.
— ¿Le parece si se lo traigo? — pregunta ella. Me impresiona que en ningún momento a volteado a ver a los chicos, ellos por lo general llaman más la atención que yo. Y aquí están siendo ignorados por las vendedoras del local.
— Si por favor señorita — le dice Christopher a la muchacha que no ha dejado de verla el embobado.
La chica ni volteó a verlo, sigue esperando mi respuesta como confirmando si yo lo deseo.
— ¡Si por favor! — le respondí al final.
La vendedora inmediatamente salió disparada al almacén de atrás donde los tienen colgados.
Hay que ver la cara de tostado que tiene Christopher, se ha quedado paralizado con el desplante de la muchacha.
Mamá y yo nos empezamos a reír y Christian no se quedó atrás.
— Que les parece damas y .... Damas — dice en tono divertido. — Al rompecorazones Christopher lo han ignorado. Y dime hermanito querido — haciendo uso de sus manos como si fuesen micrófonos — ¿Que se siente que una mujer por primera vez te haya dejado con la palabra en la boca?
El tono que usó fué de comentarista serio lo que provocó más risa de nuestra parte.
Para disimular su enojo, Christopher se puso derecho e hizo como si no le afectará.
— Que te apuesto hermanito, que me voy de aquí con su número y una cita —propuso el.
Estos dos hay que ver qué no tienen remedio...
— A ver chicos — les digo yo — Que las mujeres no se tratan como apuestas, que eso no nos gusta. — suelto en tono de maestra de primaria.
— No angelito. Ya es muy tarde — se levanta Christian. — Venga, acepto. Si tú ganas yo pago el alquiler del próximo mes.
— ¡Bien! — dijo Christopher emocionado.
— Pero si yo gano — siguió este — Me ayudarás a salir con Karin.
¿Karin?
— ¡Queee! Nooo. — respondió casi que de inmediato. — ¿Es que tú quieres que me maten? — decía medio en broma.
— ¿Dudas de tus capacidades hermanito? — lo retaba Christian.
¿Quien será Karin?
— No. — respondió a secas.
— ¿Entonces trato? — le dijo Christian.
Se notaba cierta molestia en Christopher, ambos estaban de pie y el más pequeño de los gemelos tenía la mano estirada para que cerrarán el pacto.
— Trato — contestó de mala gana Christopher estrechando la mano con su gemelo.
— ¡Ustedes dos! Hay que ver para creer. — les reproche.
— Hija, no te mortifiques — alegó mamá estando de frente a nosotros tres.
— Será fácil — escuché decir a Christopher cuando la muchacha salia del almacén con el vestido en la mano.
— ¡Aquí lo tiene señorita! — decía alegre la vendedora al acercarse a nosotros.
— Déjame ayudarte mmm ¿Disculpa cuál es tu nombre? — preguntó Christopher acercándose a la muchacha de trenzas que hacía ver su extensa cabellera.
— No se preocupe — le respondió la muchacha de la manera más borde posible.
Todos quedamos impactados con la actitud que tenía para con mi hermano.
Este que no desistía en sus intentos por conseguir su objetivo, siguió hablando.
— Debe pesar mucho para usted, señoritaaa — extendiendo la palabra para que está le dijera su nombre.
Que resultó en otro intento fallido ante la repuesta de la muchacha.
— Este es mi trabajo, puede estar tranquilo.
Christian se tapaba la cara para que no lo vieran reír, mi mamá disfrutaba de como esa muchacha le estaba dando una lección a los chicos y yo estaba impávida esperando a que me dieran el vestido.
— Mmm si no les molesta — interrumpí en su duelo de miradas — me podrían dar el vestido y luego continúan en su conversación.
La cara de la muchacha se puso roja, pobrecita le dió pena. Y todo por las garras de mis hermanos... Es que son de lo peor.
— Disculpe señorita. — dijo la muchacha pasando por un lado a mi hermano. — Aquí lo tiene y de verdad disculpe.
La cara de Christopher era el poema en persona, sus ojos ardían por el desprecio de la muchacha.
— Gracias este mmm..
— Paula — dijo al final — Ana Paula — completo con una sonrisa en su cara.
La muchacha es amable y muy humilde, se le nota. Es de la clase de persona que me agrada, por eso me causo buena impresión ella.
— Gracias Ana Paula. — le contesté de la misma forma amigable.
— ¿Ana? — dijo Christopher desorientado — ¿Eres tú Ana Paula?
Las dos nos volteamos a verlo, mamá y Christian pasaban su mirada de él a la chica.
La muchacha resoplo y volteo a verme a mi. — Señorita le buscaré unas sandalias que combinen con el vestido ¿De que clase le gustaría? — dijo ignorando con mayor descaro a mi desorbitado hermano.
— Oh no me digas señorita, en todo caso sería señora — le dije enseñándole mi pancita — Pero prefiero que me llames por mi nombre, soy Ámbar Cabano — me presente estrechando la mano.
— ¡Ah Claro! Así que usted es el angelito de los hermanos — contesto dejándome helada por su respuesta tan acertada. — Mucho gusto — continuo ella devolviendo el saludo.
— ¡Ana si eres tú! — volvió a hablar Christopher con ojitos brillosos en su cara.
Aquí me estoy perdiendo algo y al parecer no soy la única, mi mamá y Christian tienen la misma expresión de incertidumbre que yo.
— Perdona Ana ¿Pero te conozco de algún lado? — le pregunté para aclarar la situación.
— Tu no — dijo Christopher cabizbajo — Yo sí.
— Si me disculpas Ámbar, me retiro. — su cara ya no mostraba el mismo brillo alegre de antes, ahora parecían vidrios mojados.
Ví como la chica tomaba aire por la boca y se recomponía de su estado. — ¿Entonces? — trato de disimular colocando una medio sonrisa en su cara — ¿Los quieres de tacón o que sean planos?
Que le habrá pasado a esta muchacha, mejor dicho ¿Que le habrá hecho Christopher a esta muchacha?
Para terminar con el sufrimiento de ella le dije que bajos y al instante se fue a buscar las opciones.
Paso de nuevo por uno de los lados de Christopher y este parecía inmóvil ante ella, unos cuantos metros los separaban y algo brilló en la mirada de Christopher que salió tras ella y los dos se perdieron de nuestras vistas cuando cruzaron a la siguiente estancia.
Mamá, Christian y yo quedamos en shock.
Al cabo de unos segundos en los que habíamos quedado en completo silencio, mamá fue la que hablo.
— Christian, ¿Quien es esa muchacha?
La misma pregunta iba a hacer yo.
— Creeme madre que ni yo lo sé. — respondió el.
— Se ve bastante afligido. — comenté yo.
Cuarenta minutos habían pasado y todavía no regresaba mi hermano ni la muchacha. Mientras yo ya me había probado de nuevo el vestido, ya me habían dado el visto bueno mi mamá y mi hermano y seguíamos esperando.
— Por cierto ¡Christian! ¿Quien es Karin? — le pregunté recordando el motivo de nuestra espera
Christian soltó carcajadas al recordarlo y dijo — Karin es la hija de su compañero de trabajo, tiene nuestra edad y es hermosa. Me prohibió siquiera acercarme a ella.
— ¿Por qué será hijo? — dice mi mamá con burla. — No creo que no les conozca su fama.
Christian reía a gusto — La ha visto en primera fila, precisamente por eso es que Miguel nos amenazó
— Razón que tiene ese señor — le suelto con confianza. — Es que hermano, ponte en su lugar, si fuera yo ¿Tu dejarías que alguien como ustedes se me acercara?
— ¡No! — responde escuetamente. — Pero con ella podría ser diferente. — comentó cambiando su tono de voz a uno más suave. — Se que si mi hermano me ayuda con Miguel, yo saldría con ella.
— ¿Que te hace pensar eso? — le pregunto yo.
— Hay amistad y respeto de por medio angelito. No voy a interferir en la amistad que tiene Christopher con Miguel y el tiene mi respeto. Primero está eso. — contesto sin dudarlo.
Miro mi teléfono y ya falta poco para la una de la tarde.
— Debemos apresurarnos — les comento en lo que parece una interminable espera. — Hoy Pierre me recogerá a las dos de la tarde y si seguimos aquí no dará chance para comprar lo que falta.
— Déjame, yo lo busco — dice Christian levantándose del mueble. Pocos pasos había dado cuando escuchamos gritos de la sala anterior a la nuestra.
Inmediatamente nos levantamos mamá y yo junto con Christian a dónde provienen los gritos de una pelea.
— ¡YA! Déjame en paz de una vez — se escuchó la voz de la muchacha — ¿No fue suficiente para tí que quieres dañarme más?
Llegamos a orillas de la puerta donde se encontraban Christopher y la vendedora Ana Paula. En la sala había otra vendedora que logro escabullirse por el pasillo para dejarlos solos y nosotros como buenos chismosos nos escondimos los tres por detrás de un estante.
— Eso no fué así Ana y lo sabes — le respondía Christopher defendiendose.
— Ahh ¿No? Y ¿Cómo fué Chris? ¿No me dejaste? ¿No me abandonaste esa noche? ¿No te fuiste como un cobarde? Dime en qué me equivoco, porque así es como lo recuerdo yo.
— Y ¿Tú?
— ¿Yo? ¿Que hay de mi?
— Si tú ... Tú estabas con él... ¿Crees que no te vi? Cómo dejabas que te tocará, que tocará lo que era mío. Cuántas veces me dijiste que eras mía. Me dijiste que me amabas y después te revolcaste con el.
— TU NO SABES NADA. — gritó desesperada.
— NO ¿ES QUE ACASO ESO NO FUÉ LO QUE PASÓ? TE REVOLCASTE CON EL ESA NOCHE Y YO ESPERÁNDOTE COMO UN IDIOTA.
— ERES UN MALDITO DESGRACIADO. ¿ESPERÁNDOME DICES? TE FUISTE DEJÁNDOME SOLA.
— Ja' ¿Sola? — dijo burlándose. — ¿Ha eso llamas sola?
Ana Paula se volteo dándole la espalda a el y a nosotros escondidos tras aquel estante.
Al parecer no se habían percatado de que estábamos allí. En parte me sentía mal por espiarlos, pero mi otra parte quería saber lo que pasaba entre esos dos.
— ¿Tu de verdad crees que yo me acosté con el? — le pregunto dolida
Christopher no respondió nada.
— ¿Tu de verdad piensas que yo nunca te amé?
Seguía impávido.
— ¿Nunca creíste en mi verdad?
El silencio fué la única respuesta que obtuvo.
— ¿Quieres saber que fué lo que pasó? ... Ese hombre me violó.
— No — escuchamos a Chris decir abatido.
— Ese hombre me drogo y me violó... Ese hombre abusó de mí... ESE HOMBRE ULTRAJO MI CUERPO, ESE HOMBRE ME HUMILLÓ. ¿Y DÓNDE ESTABAS TÚ AH? ¿DÓNDE ESTABAS? ¿POR QUE NO FUISTE POR MÍ? ¿POR QUE NO CREÍSTE EN MÍ? ¿POR QUE NO ME BUSCASTE?
— Yo... Yo no sabía. — dijo mi hermano llorando.
Primera vez que vemos a mi hermano llorar. Oh Dios... Nos miramos la cara y todos quedamos perturbados por su confesión.
— CLARO QUE NO SABÍAS... NUNCA TE MOLESTASTE EN PREGUNTARME... NUNCA TE MOLESTASTE EN SABER DE MÍ, DE COMO ME SENTÍA YO... SOLO PENSASTE LO PEOR DE MÍ...
— Ana, yo — decía con arrepentimiento.
— TÚ ¿QUÉ? ¿CREÍSTE QUE ME BURLABA DE TÍ? ¿CREÍSTE QUE TE ENGAÑABA? ¿CREÍSTE QUE NUNCA TE AMÉ?
— No, yo no pensé...
— CLARO QUE NO PENSASTE! NUNCA PENSASTE EN MÍ, NUNCA ME QUISISTE , NUNCA ME AMASTE CHRISTOPHER.
— Si te ame Ana. — dijo suplicándole que le creyera.
—Ah ¿Sí? Tanto me amaste que hoy no me reconociste.
— Si te ame Ana — le dijo abrazándola por atrás.
Era impresionante verlos, así tan lastimados, tan dañados por su pasado. Nunca hubiera creído que mi hermano estaría así por una mujer.
Christian tras de mi estaba impactado por como estaba nuestro hermano. Estoy casi segura que el tampoco sabía de esto. No, estoy súper segura, porque si lo hubiera sabido no estuviera así de preocupado por su gemelo.
— No te creo Chris, ya no te creo nada.
— Yo te sigo amando Ana Paula. — le dijo más serio, sin soltarla.
— Suéltame Christopher. Suéltame ahora. — logramos oír porque lo susurro tan bajito que tuvimos que acercarnos más dejándonos casi al descubierto.
— ¡NO! — contestó él.
— Suéltame Christopher ¡Ya! — le dijo más agresiva.
— ¡NO! No te voy a soltar. Nunca más te voy a soltar.
Lo demás paso en un abrir y cerrar de ojos, hizo un movimiento que ni en cámara lenta lograría ver, le golpeó la cara a Christopher rompiendole la nariz a el.
— ¡AHHHH! — lo oímos gritar.
Soltó a la muchacha y utilizó una de sus manos para agarrarse la nariz.
— ¡Te dije que me soltarás! — le acuso enfrentándolo — ¿Que creíste? Que sería la misma chica vulnerable que se dejaría pisotear... Pues ¡No! Ahora sí me atacan sabré defenderme.
Tuve la intensión de salir de mi escondite y ayudarlo con su sangrado que no paraba, pero mi mamá me detuvo por el brazo y me hizo la señal del silencio que enseñan en la escuela.
Me dijo en susurros “Aún no, déjalos"
— Has cambiado Ani.
— No me llames así. — soltó severa — Ya no soy tu Ani. Ya no soy tuya.
— No lo creo. — le dijo tapándose la nariz. — Creo que me sigues amando como yo te sigo amando a tí.
— Ja! Por favor Christopher, no me hagas reír. ¿Que tú me amas? Si me amabas no me hubieras dejado. Si alguna vez llegaste a amarme, me hubieras acompañado en ese momento tan duro para mí. Y si aún siguieras amándome por lo menos me hubieras reconocido. Pero no lo hiciste.
Tras unos minutos, los dos se quedaron en silencio.
Christopher intento acercarse pero eso solo hizo que ella diera unos pasos atrás para alejarse de él.
— Han pasado años Christopher, ya lo superé. Ahora déjame trabajar, este trabajo es lo único que tengo.
La muchacha dió dos pasos en dirección a la sala donde estábamos antes pero se detuvo.
— Creo que debemos regresar — les susurré a lo que ambos asintieron con la cabeza.
Llegamos en tiempo justo para sentarnos y a los segundos entro mi hermano decaído.
Christian se paró y lo abrazó y el solo se dejó abrazar. No tenía la fuerza para nada.
Nosotras nos acercamos y nos unimos a su abrazo. Vi a mi hermano llorar en el hombro de Christian como nunca lo había visto antes, estaba desolado y ninguno sabía cómo ayudarlo. Pasamos unos minutos así hasta que retomo la compostura.
— Angelito lo siento, hice que tu día se arruinara. — me dijo con tristeza.
— No digas eso Chris, este no es mi día precisamente. Este día te lo han dado para una segunda oportunidad hermanito.
— Concuerdo con Ámbar hijo. — confesó mamá — ¿Esa muchacha te importa verdad?
El asintió con la cabeza.
— Pues si es así, entonces ¡Lucha por ella! — le ánimo.
— No es fácil mamá — le soltó — Ya escucharon todo, no crean que no me doy cuenta.
— Pues hermano sí, y por eso te digo que si fuera yo, luchará hasta el final si es la mujer que amo.
— Me odia — dijo derrotado.
— No te odia hijo. Está dolida que es diferente. Yo creo que aún te ama y si tú también la amas, entonces debes demostrárselo.
— Así es, hermano. — dijo animado Christian. — Recupera a tu mujer.
— Después de todo hijo uno nunca olvida a su primer amor.
Un suspiro profundo salió de mi, que palabras tan sabias y tan reales las que acaba de decir mi madre.
Esas palabras se clavaron como una daga afilada en mi corazón. Tenía puesto el vestido de novia con el que me casaría, pero no con el hombre que pensé que sería.
«Eso no es justo Ámbar, Pierre se ha ganado tu amor» me recuerda mi conciencia.
El amor es un misterio. Amo a dos hombres que me han dado tanto a mi.
— Señora Ámbar — llega de nuevo a la sala Ana Paula sujetando una caja de zapatos en sus manos. — Si te gustan entonces son tuyos — me dijo con una sonrisa en su cara ya no tan esplendorosa como al principio, pero hey la chica es muy profesional.
— Gracias — le dije — Recuerda, soy Ámbar para ti — contesté tratando de sonar lo más amistosa posible.
Christopher se removió de dónde estaba pensativo. Vi como le decía algo a Christian en la oreja para que nadie más escuchará, éste tomo cara de serio pero después pasó a la satisfacción en cuestión de segundos. Le dió algo que no logré distinguir y se aparto de él.
Christopher se alejo parándose en la puerta de la sala evitando así la salida de allí.
— Perfecto, entonces si necesitas algo más házmelo saber. Estaré en la caja.
Dió unos pasos para retirarse y se encontró con Christopher tapándole la salida.
— Podría hacer el favor de dejarme salir — le escueto.
— ¡No! — Le respondió y dirigiéndose a nosotras se despidió. — Mamá, angelito, nos vemos en la casa, Christian las llevará.
Acto seguido agarro a Ana Paula como un saco y se la cargo en el hombro. Está no había reaccionado hasta que llegó a la salida del local.
Nosotros «cómo buenos espectadores» los seguimos hasta afuera y escuchamos como Christopher aguantando los golpes que la muchacha le propinaba, les preguntó a las demás vendedoras.
— ¿Su jefe está aquí? — a lo que una de ellas sorprendida por lo que veía respondió “No, ella suele llegar después de la comida"
Christopher arreglando la posición de Ana Paula en su hombro, que como le costaba pues ella se veía que intentaba soltarse como fuera, les dijo. — Perfecto, cuando llegue su jefa le dirán que un loco enamorado secuestro a la vendedora más hermosa del planeta y que se la devolverá mañana en perfectas condiciones, que espera que no sea causal de despido y que disculpe por las molestias ocasionadas.
Saco unos billetes del bolsillo y se los entregó a la señora de mayor edad en la tienda.
— ¿Y este dinero? — pregunto la señora.
— Es por las molestias causadas.
Y así sin más se fué, dejándonos a todos con la boca abierta.