—Pasa amor, no tengas miedo que no te voy a comer, a no ser que tú quieras. —recorre mi cuerpo con su mirada de arriba a abajo. —No digas tonterías Peter. —No las digo. —pongo los ojos en blanco y me acuesto en la cama—. ¿Te piensas acostar con la ropa puesta o qué? —Buff, ¿dónde está mi camisón? —En ese armario de ahí. —¿Te podrías dar la vuelta por favor? —¿Por qué? No tendrías que tener vergüenza, eres mi novia. —Pues tengo y mucha, y ahora si no te importa. —Está bien. —se da la vuelta algo malhumorado. —¡Y no mires! Comienzo a quitarme el vestido, pero no me fio un pelo de Peter, doy la vuelta y menos mal que está volteado, no hay ningún peligro, me lo quito por completo, pero siento como si alguien me estuviera observando, ¡o no! Me vuelvo a dar la vuelta y... —¡Pero qué

