—¡Gracias, gracias, gracias, gracias! No sé cómo agradecéroslo. —No hay que agradecer nada Lucy, tu hiciste lo mismo por mí, es más, te sacrificaste por mí, y además te prometí que te sacaría de la isla. —le doy un fuerte abrazo. —Bueno pequeña, corre a tu casa y dale un abrazo a tus padres, que lo estarás deseando. —¡Dios mío, mis padres! Habrán llamado a la policía, ¡se pensarán que he muerto! —Tranquila, tus padres y todos tus conocidos pensarán que te has ausentado solo una tarde, la misma tarde en la que te marchaste al bosque a pasear y te encontraste a Pétalo. Es verdad, lo recuerdo como si fuera ayer, tengo que reconocer que echaré de menos a Pétalo, a Pablo, a Maxi, incluso a Peter y un poco a la isla, aunque me cueste reconocerlo, he pasado buenos momentos allí. —Entonces

