Sus gemidos inundaron la habitación, sus cuerpos se mecían al compás de la pasión, Alicia estaba completamente perdida por Sebastián ella estaba segura de su amor, quería creer que él también sentía lo mismo, habían dejado de pensar y se habían guiado por los instintos. - ¡Ah! ¡Sii! ¡Sebastián! – Alicia gimió el nombre de su amante, cuando fue invadida por la dura erección una vez más - ¡Alicia! – Sebastián había olvidado momentáneamente los motivos de haber convertido a Alicia en su amante, cada vez que su cuerpo lo recibía él se veía envuelto en una nube de placer, que le hacía olvidar todo lo demás. Ambos gimieron, cuando el orgasmo los atravesó, sus cuerpos estaban saciados, complacidos el uno con el otro, Alicia podía olvidar que era la amante de su cuñado, podía

