Era la hora de la cena, Leo y yo estábamos poniendo la mesa cuando papá llegó. Después de tener todo listo nos sentamos mientras esperábamos que nuestro padre bajara. No tardó mucho y se sentó en el extremo de la mesa, mi hermano y yo nos sentamos cada uno a su lado, y comenzamos a comer.
- ¿Qué tal les fue hoy? – Nos preguntó, no me sorprendió que haya sido lo primero que nos dijera, era el ritual de siempre cada vez que cambiábamos de escuela. Y siendo sincera, no me gustaba mucho esa pregunta, y más porque hoy casi me peleé. Además, ¿Qué podía decir? "Me fue bien papá, casi golpeo a un idiota" - ¿Zusumi? ¿Estás bien?
Regresé en mi dándome cuenta que todo este tiempo mi padre me había hablado, parpadeé varias veces para salir del trance en el que estaba - Me fue de maravilla - respondí
- Me alegro por ti hija, sobre todo porque no me han llamado
- Obvio que no me metí en problemas, ya me reformé - di un sorbo a mi agua y casi me ahogaba
- ¿Y qué tal tú Leo?
- Muy bien, conseguí tres números de chicas
- ¿Solo tres? – reí
- Claro ¿para qué quiero más? igual no es como que vaya a llamarlas - giré los ojos - ¿Segura que no te metiste en problemas? - Alzó una ceja y lo miré insinuando que se callara, algo me decía que él sabía lo que había pasado
- ¿Cuántas veces debo decir que no me metí en problemas? – mordí un pedazo de carne – Es el primer día
- Primero traga antes de hablar - Leo me aventó una servilleta para que me limpiara - Por eso no consigues novio ¿De qué te sirve ser guapa? – miré con exasperación a mi hermano y dejé caer mi tenedor
- ¿Para qué diablos quiero un maldito novio? Concéntrate mejor en los estudios
- Eso te debería decir yo. Ojalá y así como te metes en problemas así sacaras buenas calificaciones
- Eres un…
- Chicos ya basta, ya se me hacía raro que no se hayan peleado – intervino mi padre. Era verdad, Leo y yo peleábamos mínimo una vez al día, pero eso no significaba que no nos tuviéramos aprecio.
El resto de la cena fue más tranquila, seguimos hablando de nuestro primer día en la escuela, si ya habíamos hecho amigos, que tal nos parecieron los maestros y el mobiliario, entre otras cosas. Leo fue el que llevó la conversación, pues ya había hecho amigos, para él era muy fácil, por otra parte, para mi era tan complicado, claro que no siempre fue así.
Cuando terminamos de cenar mi padre fue a acostarse, Leo y yo nos quedamos a lavar los platos. Algo me decía que Leo tenía algo que decirme, pero no se animaba a soltarlo, así que tomé la iniciativa
- ¿Qué quieres saber? - dejé de a un lado el plato que tenía en mi mano y me recargué en el lavabo cruzando los brazos.
- Escuche que te metiste en problemas - Mencionó sin mirarme, estaba ocupado secando un vaso
- Así es, gracias por no decirle a papá
- Zusumi, enserio ¿Qué te pasa? ¿Meterte con un tipo el primer día de clases? - Me miró un tanto frustrado
- Ese idiota fue el que se inició y todo por un estúpido asiento... - dudaba si mencionarlo, pero al final lo hice - además no fue una pelea, otro tipo se metió antes de que se convirtiera en pelea
- ¿Así que fuiste salvada por un tipo? – alzó una ceja
- ¿Qué insinúas?
- Hay vamos, obvio que eres bonita, y no lo digo porque seamos mellizos. Si yo hubiera visto a una chica linda en problemas la hubiera ayudado y después hubiera pedido su número – puse los ojos en blanco
- Por eso odio a los hombres, porque solo piensan en ligar y ligar
- No solo somos los hombres, ahí están las vecinas que siempre tratan de ligarse a papá – comenzó a reír e hice lo mismo.
Me gustaba hablar con Leo, era divertido, aunque a veces terminaba es discusión, pero después de todo es común entre hermanos. Seguimos hablando hasta que terminamos de lavar los trastes, después cada quien se fue a su habitación. Aún no era muy tarde, así que me puse a ver una serie, así seguí hasta media noche, cuando me quedé dormida sin darme cuenta.
Pasaron tres semanas desde que había entrado a la escuela, el idiota que trató de quitarme de mi asiento ya no me hacía caso alguno. Y eso me puso a pensar si Henry era hijo de algún delincuente o algo así, cuando alguien chocaba contra él siempre le pedían disculpas, Henry no se veía como alguien que le gustara las peleas, él era más como el nerd, buen estudiante y solitario. Aunque no lo culpo, a mí también me gusta estar sola o tal vez ya me acostumbré a no tener amigos.
- Ey Zusumi – entró mi hermano en mi habitación sacándome de mis pensamientos
- ¿Qué sucede?
- Iré con unos amigos al parque de diversiones ¿Quieres venir?
- De seguro irán a ligar o algo por el estilo, así que paso
- Está bien, en realidad eso es bueno, hay varios que les gustas
- ¿Acaso están ciegos? – pregunté mientras mordía una tostada
- Lo mismo pensé – sonrió – Deberíamos ir con papá el fin de semana
- Esa es una buena idea
- Ya te dije que tragues antes de hablar y dices que los hombres son unos sin modales
- Ay ya cállate – le avente una almohada pero cerró la puerta antes de que le diera.
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- ¿Quién es _____?
- Ah, se me había olvidado decírtelo Luka… Ese es mi nuevo nombre, no lo sabe nadie, más que tú, yo y la niña que me puso el nombre
- ¿Qué?
- Tu no me quieres decir cuál es mi nombre, así que una niña muy simpática me dio ese nombre ”____” Suena bonito ¿no?