- ¿Tengo monos en la cara? – Me sorprendí cuando Henry abrió los ojos
- ¿Eh? – Lo admito, me hice la tonta haciendo como si no lo hubiera escuchado
- Desde hace diez minutos me estás viendo fijamente - su voz sonaba un poco ronca
- ¿Quién? ¿Yo? Para nada – bufé y no pude evitar ponerme nerviosa, no quería que se hiciera ideas erróneas
- Deja de mirarme, no puedo dormir a gusto - Estiró sus brazos sobre su pupitre y después volvió a cerrar los ojos
- No te estoy mirando, ni que fueras Tom – Tom era el vocalista de una de mis bandas favoritas, sin duda el único hombre que no era capaz de odiar era a él, era tan perfecto, alto, cabello castaño claro, ojos marrones, y su voz era preciosa. Cuando hablaba de Tom con mi hermano, aunque Leo no me tomaba mucha importancia, me volvía una maldita puberta con las hormonas a flote. Sin duda Tom era mi chico ideal.
- ¿Tom? ¿Es tu novio? - Abrió de nuevo los ojos mientras me miraba detenidamente, como si intentara adivinar lo que iba a decir
- Quisiera que lo fuese - sonreí y por un breve momento me imaginé siendo la novia de Tom, reaccioné - Pero no, no lo es, es el vocalista de una de mis bandas favoritas – Creí que iba a preguntar cuál banda o hacerme otra pregunta que nos llevaría a una larga conversación, pero no me respondió, pareció como si no le importara o más bien no le importó. Henry volvió a cerrar los ojos y yo hice lo mismo, pero esta vez me giré hacia otro lado.
Nunca creí cuando me decían que el sueño era contagioso, después de un par de minutos a mí también me comenzó a dar sueño, sin evitarlo me dejé llevar a los brazos de Morfeo.
- Habrá algunas veces que no me dejarán salir, así que toma
- ¿Un silbato?
- Cada vez que quieras verme sopla el silbato y yo vendré
- ¿Te escaparás?
- Sí, solo para estar contigo
- Gracias _____
Esa niña en definitiva era yo, por el contrario no reconocía la voz del niño con el que estaba hablando en mi sueño. Me desperté con un sabor amargo en la boca, tenía un leve nudo en mi garganta. Desde hace un año soñaba con un niño, al parecer era algún tipo de amigo de la infancia, pero cada vez que soñaba con él, despertaba con un poco de resentimiento hacia aquel niño, pero no sabía por qué.
Aún permanecía con los ojos cerrados, hasta que escuche que ya había comenzado la clase. Abrí los ojos y lo primero que vi fueron los ojos de Henry, estaba observándome. No pude apartar la mirada, fue como si estuviera hipnotizada, bueno, después de todo, tiene unos ojos lindos. Permanecimos así viéndonos hasta que tocaron y fue entonces cuando me di cuenta que había dormido casi cuatro horas.
Henry se levantó de su asiento me miró y sonrió.
- ¿Qué demonios? - formulé sin decirlo en voz alta, ¿Henry sonriendo? y peor ¿sonriéndome a mí?. El sin modales salió del salón junto con todos los demás, después de todo las clases habían terminado. Me quedé un breve momento así, recostada en mi banca tratando de asimilar el sueño que tuve y tratando de entender esa sonrisa, debo admitir que mis pensamientos se dispararon pensando en las posibles respuestas y ninguna fue lo que realmente era. Era hora de irme así que me levanté y toqué la comisura de mi boca, ahí entendí el por qué de la sonrisa del sin modales.
Me limpie la baba y salí de ahí.
*******
- ¿Me está diciendo que mi hermano se quedará?
- Lo siento, pero…
- ¡NO! No quiero irme sin él […]