—Señor —Cole escucha la voz del escolta desde el otro lado de la línea. Pasaron muchas horas desde la última vez que habló con él. Desde ese entonces la incertidumbre se apoderó de él. No logró tener tranquilidad. Pospuso una reunión que tenía el día anterior por el simple hecho de no sentirse seguro de dirigirla con la concentración que necesitaba. —¿Qué sucedió? ¿Por qué llamas hasta ahora? —Le pregunta serio. —No había tenido oportunidad de marcarle, cuando lo hice parecía que el móvil no tenia conexión. Estoy en Colombia, la señora Léa vino a Bogotá —Le informa—. Me costó conseguir un pasaje, y hasta seguirla ha sido algo complicado. —Ella es complicada —Admite Cole. —Debo alquilar un auto, pero no puedo descuidarla —Comenta el escolta. —Ofrece dinero a alguien para que te sustit

