Aun sabiendo que en este preciso instante su deber es no hacer alguna estupidez que termine alterándola, al verla salir por el pasillo tan llena de seguridad y confianza en sí misma, con la misma tranquilidad que le mostró la noche anterior apenas él se separó de ella, después de besarla por un impulso que hasta ahora no comprende, justo en este momento algo en su interior le pide repetir ese beso, y hasta más, llegar más lejos de lo que ser respetuoso y fiel cumplidor a la palabra empeñada le permite hacer. Sin querer Léa lo desafía, pone a prueba su cordura, la capacidad de razonar y comprender que sobre lo prohibido no se puede mirar, mucho menos detenerse a soñar. Se siente irracionalmente atraído, necesitado de algo que pone a mil su corazón, las ganas de saciar ese no sé qué que lo

