Capitulo 17

1447 Palabras
Alejandro resultó ser buena compañía, el hombre era agradable, era bueno sacando conversación y se las ingeniaba para arrancar más de una sonrisa a Deivis. Deivis, preparó café para ambos y los llevó al balcón, donde su antiguo compañero de colegio lo esperaba. —Ese café huele bastante bien —Alejandro recibe su taza y sonríe. —Espero sepa tan bien como huele —se sienta y presiona su taza entre sus manos. El clima está demasiado frío y busca calentar sus dedos con ese gesto. —Esta bueno, aunque he probado mejores. —Alejandro deja su taza sobre la mesa y se hecha a reír, Deivis lo observa detenidamente para luego reír también. —Sabes, me alegra haberte encontrado, cuando me enteré lo que pasó con tu familia me sentí muy angustiado... —Todo ha sido difícil, hay días en los que siento que no podré continuar... Pero luego me vuelvo a levantar y sigo adelante. —Bebió un poco de café, degustando su sabor amargo y fuerte, —ahora mi único objetivo es sacar a mi madre de ese infierno y sé que lo haré, mis esperanzas están puestas ahí. —Yo no sé cómo abría reaccionado en tu lugar, pero siempre fuiste alguien fuerte, mucho más fuerte que yo. —Se levantó de su silla y se colocó en cuclillas frente a Deivis, buscando su mirada con insistencia. —Quiero ser tu apoyo, déjame ser tu amigo, ser quién te apoye en este momento tan dificil —posó sus grandes manos en las pálidas mejillas del rubio y le obligó a mirarle a la cara. —Déjame estar a tu lado, Deivis... Deivis no sabía que responder, estaba confundido y sus pensamientos no eran claros en ese momento. ¿Qué debía de decir? Obviamente la propuesta de Alejandro tenía un doble sentido, no había que ser demasiado astuto para darse cuenta de ello. Alejandro, tenía la mirada fija en él, esperando una respuesta. Respuesta que jamás llegó, ya que cuando se disponía a hablar el sonido de una llave ingresando en la cerradura lo alertó. —¿Vives con alguien? —Preguntó Alejandro al momento en que fijaba su mirada en el interior del pequeño departamento. —Erick... —Susurró con voz ronca cuando lo vió adentrarse en la sala. Erick, cerró la puerta tras él y quedó paralizado en medio de la sala al ver a Deivis con compañía. Alejandro, de pronto se sintió incómodo, el ambiente relajado se había tornado tenso y no entendía muy bien que estaba pasando. —¿Quién demonios eres tú? —Erick, en ese momento era una bomba de tiempo, poco le importaba que alguien más se entere de su relación con Deivis, pero la sola idea de imaginar al rubio con otro hombre lo volvía loco. —Su nombre es Alejandro, es un amigo —intervino Deivis, respondiendo rápidamente. —Hola, mucho gusto —Alejandro le tendió la mano de manera cordial, pero Erick no la estrechó. —Bueno, debo irme ahora, te estaré llamando Deivis. —Si... —respondió el rubio con voz entrecortada. Alejandro, se acercó a Deivis y le dió unas palmaditas en la espalda para luego abandonar el departamento. —¿Qué mierda hacia ese tipo contigo? —Cuestionó Erick, mientras caminaba de un lado a otro como un desquiciado. —Alejandro, fue mi compañero de escuela. Es un viejo amigo. —Comenzó a frotar sus manos nervioso. —¡No quiero volver a verte con él! Ya bastante dinero te pago y mínimo merezco exclusividad. —Tomó a Deivis de la barbilla y apretó la zona con fuerza. —¡Vete a la mierda, imbécil! —Golpeó la mano de Erick y se apartó de el. —¡Te he comprado, me perteneces! —Gritó furioso, para luego abandonar el departamento. La alegría que Deivis sintió por la mañana, se evaporó como agua entre los dedos. Una vez más aquel maldito olor comenzaba a volverlo loco. ••• —¿Erick? —Espetó Deivis en shock, abriendo la puerta con extrema sorpresa y confusión. Habían pasado largas semanas desde la última visita de Erick, visita en la cual habían discutido por Alejandro y Deivis no esperaba que llegara esa noche a visitarlo. Pero allí estaba una vez más, parado en su puerta sin avisar, sonriendo amplia y antinaturalmente, como si nada hubiera pasado antes entre ellos... Por la prensa, supo que Erick había ganado un importante caso como abogado, caso que le abrió las puertas a éxito. Deivis lo observó detenidamente, su cabello n***o estaba todo desordenado y despeinado, y sus ojos estaban extrañamente caídos. Mientras estaba de pie, se balanceaba inestablemente y tarareaba una melodía desconocida en voz baja. Al parecer estaba borracho, Deivis suspiró pesadamente. —¿Pasó algo, Erick? —Preguntó el rubio con el ceño fruncido, desconcertado. Eran casi las una de la madrugada y Deivis estaba seguro de que Erick tenía trabajo al día siguiente. Era muy inusual que apareciera tan repentinamente sin previo aviso, y más aún, borracho. Erick, alzó la cabeza y su mirada se iluminó en el momento en que vio a Deivis, y sonrió como un niño pequeño al que le dan juguete nuevo mientras torpemente tropezó directamente hacia sus brazos. —Mi amor, —respiró en el oído del rubio, y el abrumador olor a alcohol barato inmediatamente invadió las fosas nasales de Deivis. Deivis, tragando con dificultad, cerró la puerta tras él y rodeó al moreno con un brazo para estabilizarlo. —Estás muy borracho, Erick, —señaló lo evidente. —¿Qué te ha pasado, qué te tiene en este estado? —Nada, —arrastraba las palabras, fijó su mirada en Deivis y dejó escapar una risa salvaje y hueca. Algo tuvo que haber sucedido para que Erick, cayera tan tarde por la noche. Sólo buscaba a Deivis cuando se sentía desesperado y abatido, o cuando sentía que no tenía otro lugar adonde ir. Cada vez, como un tonto, Deivis lo apoyaba, por que independiente del dinero que cada mes el moreno le depositaba, le nacía apoyarlo porqué lo amaba. Cada vez que Erick estaba mal, él se encargaba de construir desinteresadamente su confianza y ayudarlo a levantarse de donde había caído. Procuraba arrastrar a Erick, fuera de un océano de miseria y llevarlo a la superficie, solo para que el moreno lo pateara de regreso al fondo y se fuera sin él. ¿Por qué esta vez debería de ser diferente? —Vamos a follar, —susurró Erick, con voz ronca, bajando bruscamente la camisa de Deivis para besar su hombro. —Erick... Los fuertes brazos de Erick, rodearon con fuerza a Deivis, y con un movimiento repentino y riguroso, lo estrelló contra la pared más cercana, presionando su nariz contra la curva del cuello del rubio y aspiró profundamente su aroma, embriagandose con el mismo. Deivis, se estremeció y sus brazos inmediatamente perdieron su fuerza. Temblorosamente, colocó una mano vacilante contra el pecho de Erick, y acarició con suavidad. —Erick, cuéntame qué pasó primero, —repitió preocupado. Las manos de Erick se enrollaron alrededor de su cuerpo, serpenteando alrededor de él con fuerza, asfixiándolo. Presionando besos con la boca abierta por el cuello de del rubio, comenzando a succionar apasionadamente, dejando un notorio hematoma en su clavícula. —Nada que te concierna, lo que pasó no es importante, —murmuró el moreno somnoliento, agarrando el trasero del rubio con brusquedad y frotando su dureza contra los muslos de este. Sus movimientos eran erráticos, desesperados y rudos. Deivis jadeó, inclinando su cabeza hacia atrás mientras Erick lamía y chupaba su clavícula sin piedad. —Oye, sólo... —Respiró Deivis, colocando una mano sobre el pecho del contrario. —Erick... —Pero Erick no lo escuchó, ya estaba luchando por bajarle el pantalón de pijama con manos temblorosas, mientras repartía besos húmedos sobre la nuez de Deivis. —Erick, escucha... —El rubio envolvió sus dedos alrededor de la mano del moreno, deteniéndolo. —Vamos a calmarnos primero, ¿de acuerdo? —Empujó a Erick hacia atrás temblorosamente, subiéndose el pijama y abotonándose la camisa con un suspiro de cansancio. —No estás bien... ¿Qué fue lo que pasó para que estés así? Luciendo molesto e impaciente, Erick lo pegó contra la pared y lo besó, metiendo su lengua en la boca de Deivis. El rubio se estremeció y el beso fue tan ardiente e intenso que, durante algunos segundos, pensó en dejar que Erick lo besara para siempre. Después de todo, rara vez veía a Erick en tal estado, tan profundamente desesperado por tenerlo. Le agradó sentirse deseado por el otro y eso, lo excitó.
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