Pasaron dos días más hasta que Matilda por fin aceptó ver a Aluel. Lo vio llegar a casa de su tía con un ramo de flores silvestre, de esas que inundaban los prados por esa época. Eran de color violeta, con las ramas fragiles y llevaban un lazo a tono con una pequeña nota. No quiso leerla, no hasta que su enojo no comience a mermar. Matilda las tomó con un escueto gracias y lo invitó a pasar al jardín, sin ofrecerle nada. -¿Qué me querías decir?- le preguntó con un tono seco. -Entre Paula y yo no pasó nada.- le respondió él acercándose un poco, pero ella estiró su mano para poner distancia. -La forma en la que te abrazaba no indicaba lo mismo. - le dijo ella sin mirarlo. Aluel suspiró y se llevó ambas manos a su cabeza. -Se presentó en mi casa con la excusa de hablar, se mostró a

