La operación de Ana resultó exitosa, su recuperación prometía ser favorable, pero su humor estaba peor que nunca. Matilda se había quedado a su lado desde el momento en el que finalmente pudo arribar al sanatorio. Aluel las había visitado cada tarde, llevándoles ropa limpia y comida. Por fin había llegado el momento del alta y Ana le ordenó a su sobrina que fuera a acondicionar la casa y si bien la idea de dejarla sola no era del todo aceptada por Matilda, finalmente no había tenido opción. Llegó a su casa cargando un cansancio que hasta el momento no parecía notar. Había pasado una semana durmiendo en un pequeño y duro sofá y tomando café de máquina y eso no era gratuito. Abrió la puerta y todo parecía necesitar su atención. Suspiró intentando recuperar fuerzas y antes siquiera de ca

