Situación más traumante
Barbara
- Veo que le está afectando mucho tener que recordar todo esto. Si quiere podemos continuar en otro momento. - Dijo Scarlett medio preocupada.
- No cariño está bien. Sea el día que sea que hablemos de estás cosas los recuerdos harán que salgan las lágrimas que muchas veces me contuve. No tienes que ofrecer parar cada vez que me veas así, yo estoy bien. Me afecta si porque soy humana y los recuerdos aún duelen y dolerán hasta el día que ya no esté aquí, para mí suerte ese día no está muy lejos. - Dije tranquila sabiendo cuál era mi destino.
- Está bien entonces vamos a seguir. - Dijo Scarlett con una media sonrisa en la cara.
- Muy bien. Esa es la actitud, nada de pena que de esa yo ya tuve mucho en mi vida.
- La verdad es que no le tengo pena. Si me afecta saber que no solo usted sino muchos niños y niñas sufren cosas como esas en este mundo. Pero la verdad es que muy contrario a tenerle pena la admiro. Tú pasaste por todo eso y aún así tienes el valor de estar aquí conmigo contándome tu verdad, dispuesta a qué el mundo sepa tú verdad. Yo no podría, no tendría el valor de hacerlo. Ni siquiera sé si yo hubiera sobrevivo a todo eso, la verdad es que lo lo creo.
- Muchas gracias por pensar así de mi, pero tampoco te menos precises. Yo me hice más y más fuerte con cada cosa que me pasaba, con cada golpe que recibía, con cada hombre que me violaba, con cada persona que me compraba. Y hoy estoy aquí, juntando todas esas fuerzas que fui acumulando todos esos años para contar mi verdad al mundo que es el primero en juzgar. Sabes una cosa. La mayor razón por la que las mujeres como yo siguen siendo abusadas toda su vida es porque en vez de ser tratadas como las víctimas son tratadas como las malas. Una mujer es víctima de trata y las personas al saberlo la miran por encima de él hombro, se le alejan como si tuviera lepra, como si ellas hubieran elegido sufrir lo que sufrieron. Yo tuve suerte al encontrar a un hombre maravilloso que me ayudó a salir de el hoyo en el que estaba metida pero no todas tienen esa suerte.
- Así es, el mundo muchas veces funciona al revés. Quieres deben ser juzgados son los que se llevan los aplausos y el apoyo, y quiénes deberían ser apoyados son a los que se les juzga. La vida es injusta. - Con cada palabra que salía de la boca de Scarlett y la forma de su rostro mientras hablaba me daba cuenta que no me había equivocado al elegirla para hacer esto.
- Si así es muy injusta. Lo bueno es que hay personas que hacen la diferencia con cada paso que dan. - Dije con una sonrisa al saber que una de esas personas fue mi esposo. - Y pues bueno hay que seguir con esto, aún hay mucho camino por recorrer.
- Ok entiendes me pondré en modo periodista de nuevo. - Dijo Scarlett soltando una pequeña sonrisa, la primera que no era una sonrisa incomoda ni fingida. - Señora De la Mont, se que pasó muchas cosas traumantes en su vida. Pero usted ¿Que piensa que fue algo que la traumo cuando aún estaba en la edad de ser una niña? En la edad en la que en otra situación estaría tal vez en su casa aún jugando con muñecas.
- Si así es hay muchas cosas pero cada una tiene su punto de trauma que sobre sale entre las demás. Y si la verdad hay algo que me pasó cuando aún era más pequeña.
Flashback
Los diez años de Barbara
Tenía diez años en ese entonces. Todavía no me habían cambiado de el lugar donde había comenzado mi pesadilla. Habían pasado dos años en el que ya el número de hombres que habían usado mi cuerpo eran incontables para mí. Ya no sabía cuántos golpes había recibido por tratar de frenarlos, teniendo un éxito de cero. Algunas chicas dejaron de pelear con ellos después de el primer mes pero yo nunca deje de hacerlo. Para algunos hombres eso era algo divertido así que seguían pidiéndome a mi para ser abusada. Le gustaba verme pelear para después golpearme para que me quedara quieta.
Siempre habían mujeres grandes dándonos instrucciones, enseñando nos como debíamos tratar a los clientes, así los llamaban ellas. Nos daban trucos según ellas para que nos fuera bien en el negocio y nos decían que en vez de pelear y recibir golpes debíamos disfrutar todo lo que nos hacían los clientes y así no torturarnos nosotras mismas. Muchas veces trate de escapar. Y en varias ocasiones los supuestos clientes salían mal heridos de las habitaciones donde estaban conmigo. Siempre fui una rebelde. Pero ser rebelde casi siempre me traía malas consecuencias y en una ocasión ser una rebelde fue mi perdición.
Una día como cualquier otro estábamos vistiendo nos para comenzar el día de trabajo como tenían el descaro de llamarlo los que trabajaban ahí, los adultos que nos controlaban. Cada día nos preparaban y salíamos de las habitaciones para ser elegidas por esos hombres pero ese día fue diferente.
- Hola niñas. - Entro aquella mujer que nos había recibido el primer día, su nombre era Carina. - Así me justa que se estén poniendo lindas para los clientes. - Dijo con una sonrisa en la cara mientras iba caminando y pasando su mano por la cara de las chicas que iban a su paso. - Piel canela mi amor hoy es tu día de suerte. - Dijo y se puso frente a mi y yo no entendía nada. - Hoy no tendrás que esperar ser elegida.
- ¿Por qué? - Pregunté yo sabiendo que no era porque me fueran a dar un descanso.
- Porque ya has sido elegida entre todas las chicas por un cliente que te quiere solo a tí. - Dijo con una sonrisa como si eso fuera algo bueno para mí.
- ¿Por qué? - pregunté nuevamente.
- Ay niña deja de preguntar eso una y otra vez. Me imagino que eres algo especial. Debes estar feliz eso es bueno. Ya cambia esa cara y dame una gran sonrisa con la que van a encantar a ese hombre. - Carina sabía que yo lo iba a sonreír como ella me pedía pero siempre trataba de convencerme. - Ash, tú siempre igual. - Se quejo. - Mejor ya vámonos, el cliente te está esperando. - Me dijo y todo de mi brazo para salir de la habitación.
Yo no dije nada, casi nunca decía nada. Solía ser de las más calladas porque mis actos hablaban por mi misma. A pesar de que las cosas que hacía casi siempre provocaba que me golpearan sin contemplación yo no podía estar sin hacer nada para tratar escapar o evitar que esos hombres me tocaran.
Cuando salimos a el lugar donde normalmente los clientes esperaban para elegir a las niñas un hombre que estaba sentado se paró en el momento en que vió que Carina y yo entramos y se acercó a nosotras. Carina puso sus manos sobre mía hombros y me acerco al hombre que estaba parado frente a nosotras. Mía ojos siempre estaban llenos de odio hacía esos hombres y no me daba miedo demostrarlo.
- ¿Esta es la chica? - Pregunto ese hombre con una gran sonrisa y las manos en los bolsillos de los pantalones.
- Así es esta es la chica. Ella es piel canela. - Dijo Carina con mucho entusiasmo.
- Piel canela eh. - Dijo el hombre y bajo su cuerpo para estar a mi altura. - Pues si si piel es muy parecida a la de la candela, el nombre le queda perfecto. Además tienen una piel muy linda. - Dijo el hombre pasando dos dedos por mi mejilla a lo que yo respondí moviendo la cara. - Ummm, ya veo que si tenían razón. La chica es una rebelde. - Dijo y se volvió a poner de pie. - Es perfecta. - Dijo el hombre y le pasó algo a Carina a lo que ella le dió una sonrisa.
- Se lo dije, yo nunca me equivoco. Espero que disfrute su servicio con nosotros. - Dijo Carina y me acerco más a ese hombre que me tomo por un brazo y me llevo a una de las habitaciones.
En ese momento yo pensé que sabía lo que me esperaba pero no tenía la más mínima idea de lo que me estaba esperando en aquella habitación. Yo ya estaba preparada mentalmente. Sabía que lo que pasaría no me iba a gustar y que no iba a poder hacer nada para evitarlo aunque lo intentará una y otra vez, a pesar de eso no dejaba de intentar.
El hombre me hizo entrar a la habitación para después entrar él y cerrar la puerta detras suyo. Yo estaba parada en frente de la cama mientras él aún estaba parado cerca de la puerta y nuestros ojos parecían tener una batalla de voluntades.
- Así que tú eres la chica rebelde ¿Eh? Piel canela, un hermoso apodo. - Dijo el hombre estaba vez parado frente a mi nuevamente pasando sus dedos por mi cara a lo que yo nuevamente reaccione moviendo la mirada hacia otro lado. - Eres una niña rebelde y lo que no sabes es que eso me encanta. - Dijo el hombre y mis ojos se abrieron porque no entendía nada pero sabía que no era nada bueno.
El hombre volvió a ponerse a mi altura y tomo mi cuello con una se sus manos. Yo puse mis manos sobre la suya para tratar de soltarme pero era algo imposible. Yo era apenas una niña de diez año y él era un hombre muy grande y fuerte. Sus ojos estaban clavados en los míos. Me di cuenta que estaba buscando miedo y debilidad pero nunca vio eso en mis ojos por lo que cada vez apretaba un poco más, pensé que no saldría viva ese día pero aún así no me doblegue.
- Ummm, rebelde y también fuerte. Que niña tan interesante. - Dijo antes de tirarme de manera muy violenta a la cama donde me arranco la ropa.
Me miraba siempre con una sonrisa malévola en la cara y yo sabía que ese día sería horrible. Al lado de la cama había una especie de mueble que no había visto antes y no sabía lo que era pero pronto me daría cuenta de eso.
- Después de hoy no querrás ser rebelde otra vez. - Dijo ese hombre y me tomo de nuevo por el cuello pero está vez para levantarme de la cama.
Me paro y me acostó boca abajo sobre ese mueble raro. Lo que yo no ma había fijado es que ese mueble tienda unas esposas a los lados con los que me amarro las manos y los pies. Trate se salir corriendo pero me dió un fuerte golpe con el que me dejó sin muchas fuerzas por lo que estaba ahí, atada de manos y pies sin poder moverme casi nada.
Trataba de soltarme pero era imposible hacerlo y lo único que logré fue hacerlo reír, le divertía tener una chica rebelde a su merced. Empezó a pasar sus manos por todo mi cuerpo y las dejo en mía nalgas que estaban a la interperie. Yo ni siquiera sabía lo que estaba pasando detrás de mi porque estaba tan pegada a aquel mueble que a penas poesía moverme de un lado al otro arrastrando mi cuerpo a la tela de el mueble.
Tomo mis nalgas con sus manos y me penetró muy fuerte, pero está vez no fue por la v****a si no que fue por el ano. No pensé que el dolor de la primera vez que ese hombre abuso de mi podía superarse pero si paso. Paso y sin aviso previo. Ese hombre me penetró sin pensarlo y me partió en dos y no solo el cuerpo sino también el alma. Las lágrimas salieron de mis ojos sin pensarlo y aunque no llore estaba destruida. Ese hombre me tomo por el cabello para poder mirar mi rostro y su cara formó una sonrisa cuando miro las lágrimas que caían por mi rostro. Eso era lo que él quería, doblegarme, humillar, hacerme sentir que él tenía el control de mi. Y lo logro, estaba rota por dentro, el dolor era insoportable, y las lágrimas no dejaban de salir aunque de mi no salía un solo grito, un solo llanto, ni una sola súplica y eso era lo que el más quería.
- Así que no vas a llorar ¿Eh? ¿Te crees muy ruda? - Me dijo mientras sostenía aún mi cabello entre sus manos.
Puso sus manos en mi cintura y me penetró una y otra vez, más y más fuerte sin parar. Quería romperme, quería hacerme daño, lo disfrutaba, le daba placer sentir mi dolor. No se paró hasta que terminó lo que estaba haciendo y me dejó adolorida sobre aquel mueble. Me soltó las manos y los pies de las esposas y yo caí en el suelo sin fuerzas en el cuerpo. Salió de la habitación y me dejó allí en el suelo tirada, se fue con una gran sonrisa en la cara de verme destruida. Me quedé en el suelo tirada con las manos abrazando mi cuerpo para tratar de controlar el dolor pero no servía de mucho. Unos minutos después entro Carina a la habitación y se sorprendió de verme tirada en el suelo y para mí sorpresa intento ayudarme.
- ¿Pero y que fue lo que te paso? - Pregunto Carina y trato de ponerme de pie aunque yo no podía pararme.
Carina me miró y por primera vez ví un poco de pena por mi en sus ojos. Ella me paro y me puso sobre la cama, tomo una toalla y la puso sobre mi cuerpo ya que mi ropa había quedado totalmente destruida.
Fin de el flashback
- ¿Y que paso después de eso? ¿La hicieron seguir ese día? - Me pregunto Scarlett tratando de estar tan afectada como antes y yo sabía que era por lo que yo le había dicho.
- Pues no, la verdad es que ese día por primera vez a Carina se le movió el corazón y no me obligo a estar con ningún otro hombre. Normalmente cualquiera de nosotras tenía que estar hasta con cinco hombres o más antes de que llegara la noche.
Después de eso hubo un silencio incómodo entre Scarlett y yo.