—¡Pronto!— la interrumpió él apremiándola—. Tome todo el dinero y las joyas que tenga a la mano, pero nada más. ¡Tienen que marcharse ahora mismo! —¿Marcharnos?— repitió Jabina—. ¿Qué quiere decir con eso? —Se ha declarado la guerra entre Inglaterra y Francia— contestó él—, y Bonaparte ha ordenado el arresto de todos los ingleses que se encuentren en el país. —¡No puede ser cierto!— exclamó Jabina. —Es verdad, y ya hay soldados en camino para detenerlos a usted y a John y conducirlos a prisión. A través de la puerta abierta que daba a la sála de estar, Jabina vio que el Duque salía de su dormitorio. Tomó un chal de seda que se había comprado el día anterior y sacó de su escondite el bolso que contenía las joyas de su madre, y que había colocado la noche anterior en lo alto del guarda

