—Parece que no hay peligro de eso esta noche— dijo el General sonriendo. El Duque llenó la mesa de platos con diferentes manjares alrededor del General, y Jabina le ofreció el gallo al vino. El General se sirvió una porción generosa y ella recordó entonces la ensalada que había preparado y corrió a la cocina a traerla. No había pudines como postre, puesto que la anciana era incapaz de preparar tales delicadezas, pero había queso y fruta fresca. El General declaró que estaba satisfecho y que no quería comer más. Ordenó al Duque que le sirviera un poco de coñac y, mientras él iba a traerlo al mostrador, Jabina apiló los platos sucios en una bandeja para llevarlos a la cocina. —¿Quiere café, monsieur?— preguntó. —Sí, creo que tomaré café, pero procura hacerlo tú misma. —Por supuesto, m

