El juez, un hombre de cabello canoso y expresión solemne, golpeó suavemente su martillo sobre el escritorio para llamar la atención en la sala. Había revisado cuidadosamente toda la evidencia, los argumentos de ambos lados, y las palabras de Claire y Vincent. Después de un largo y tenso silencio, inhaló profundamente y habló con voz firme. —Después de considerar todos los aspectos del caso presentado, he llegado a una decisión —anunció el juez, mientras los ojos de Claire y Vincent se clavaban en él. Claire apretó las manos sobre su regazo, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho. Había tenido que controlarse, para no arruinar la jugada de su abogado. Estaba dando un voto de fe y confiando en sus palabras, ya que cada una de ellas le resonaron en su interior. Era cierto qu

