Samuel caminaba por las calles de la ciudad con una mezcla de emociones que lo perturbaba. La noche que había pasado, la conexión carnal que experimentó con aquella mujer en su apartamento, le había dado un breve destello de humanidad. Había sido un recordatorio de su antigua vida, de los placeres y de las debilidades que lo habían moldeado. Pero ahora, con el amanecer filtrándose por las esquinas de los edificios, sentía el peso de su nueva realidad. Las palabras de la Guardiana resonaban en su mente. “No olvides quién eres ahora.” Aquella advertencia aún vibraba en su interior, un recordatorio ineludible de que su verdadera misión estaba más allá de los impulsos y deseos humanos. Y, sin embargo, aún sentía las secuelas de la experiencia de la noche anterior: el calor, el anhelo y la con

