Todo sucedió tan rápido que a Sara le dio vueltas la cabeza. Eros y Sara estaban ahora en la fiesta de recepción, que a ella le parecía más un funeral. Los rostros sonrientes y burlones de toda su familia mientras hacían clic en las imágenes la perseguirían para siempre. Eros estaba de pie junto a ella con sus expresiones gritando su aburrimiento. El fotógrafo les pidió a ambos que se acercaran para poder hacer algunas fotos amorosas, que era como si alguien les hubiera echado sal a las heridas de Sara. —¡Vamos, querida esposa! —la voz burlona de Eros llegó a los oídos de Sara y ella le lanzó una mirada feroz, antes de salir corriendo de allí. No le importaba lo que pensaran los demás, solo quería estar lejos de el en ese momento. Esquivando todas las provocaciones de su supuesta fami

