Treinta y siete

3745 Palabras

El golpe seco de mi trasero al chocar con el helado suelo me aturdió, muchas manos me asfixiaron. Dedos que estaban en todas partes me arrancaron la piel del cuello, grité intentando zafarme de quienes gruñían y se peleaban por desmembrarme en la oscuridad. La única luz que veía se oscureció cuando Nox cerró la puertilla del techo y mis esperanzas se hundieron al comprender que acababa de ser traicionada de la peor manera posible. Sentí mis extremidades dormirse antes de que una luz centelleante entre blanca y amarilla me dejara dentro de una visión. Jacob se acercó a una pequeña yo, lo veía recelosa. Entendí aquella actitud enseguida, Hera decía que no le hablara y que tampoco le mirara porque era malvado. Sólo era una niña, bastante manipulable ahora que lo pienso. —¿Pequeña Aiel? —Su

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