Aquella noche vimos películas tras películas, de robots y cosas raras. Estuvimos tan entretenidos que ni sueño me dio. A las seis y cuarto recién nos dispusimos a ir a la cama. Hacía frío, no me di cuenta de eso sino hasta cuando me levanté del sofá. -Cada noche se pondrá más fría -explicó mi jefe-, las noches aquí pueden ser muy heladas. -Sí, se nota. -¿Quieres un café para abrigarte? -Sí, creo que lo necesito -acepté. Nos dirigimos a la cocina y preparamos los cafés, nos sentamos a la mesa en silencio. -¿Has vuelto a tener pesadillas? -No -contesté algo confundida. -Te ha servido el collar. ¡Ah!, se refería a eso. -Sí, supongo, no es que haya tenido tantas pesadillas de todos modos. -¿Siempre has sufrido de pesadillas? -Y, cuando era chica, de sonambulismo. -¿Se

