No me presentaría a ella abiertamente, quería sondearla y comprobar por mí mismo que aquella mujer sería mi próxima reina, aunque dudaba de que una terrestre pudiese vivir en Ganímedes sin morir en el intento, pues el solo viaje su cuerpo no lo resistiría, la única forma de hacerlo era con la venia de los Padres Superiores y aun así estaba el tema de la edad. Una reina debía estar en el trono por lo menos cincuenta años, debía conocer nuestra historia, debía ser evolucionada, no una mujer cuya civilización era tan joven. -¿Puedo sentarme aquí? -me preguntó ella en la única cafetería del pueblo. Hacía frío y todos se habían resguardado allí de la nevada que caía afuera. Era algo normal esperar en ese lugar hasta que el viento pasara para volver a sus actividades normales. El sitio, en es

