Ella se acercó desafiante, posó su mirada en mí. - ¡Vaya! Así que te quedaste con la asistente - exclamó en tono despectivo. Ernesto contrajo su mandíbula con enfado. - ¿Qué no estabas fuera del país Selín? - preguntó el padre de Ernesto. - Decidí regresar hace unos días y vine aquí después de enterarme de la acusación que le habían hecho a Ernesto, claro que tu no podrías ser culpable, todo fue un accidente - explicó fingiendo una voz amable. - Ya demostré que soy inocente, ya no tienes nada que hacer aquí - dijo Ernesto mientras la fulminaba con la mirada. Se notaba que a él le molestaba su presencia. Selín se acercó unos pasos más hacía nosotros. - Si ya me voy… - dijo en tono burlón - bueno no sin antes advertir a la asistente sobre cómo juegas con las mujeres - me dirigió una

