Caminaron durante horas, y finalmente el borde de un pueblo apareció ante ellos. El sol comenzaba a asomarse por el horizonte. Natalia no podía recordar la última vez que había estado tan cansada. Le encantaría acostarse en una cama blanda y dormir horas y horas. “Lamento que todo haya salido mal”, dijo Lucas. Se detuvo brevemente y se pasó las manos por la cara. “Se suponía que esto nos daría tiempo a solas juntos”. “Bueno, ciertamente lo ha hecho”. Su tono era mordaz. Natalia se detuvo y lo miró. A ella le gustaba estar a solas con él. La parte que odiaba era el dolor que se había convertido en una parte permanente de sus palpitantes pies. Nunca había caminado tanto en toda su vida. La rueda rota del carruaje no había sido su culpa, pero, para empezar, que ella estuviera adentro, ciert

