Una navidad en familia
Por Agustín Soré
—Es hora de levantarse, viejo mañoso—la voz de esa vieja incordio que me susurra al oído me saca una sonrisa de oreja a oreja.
—Déjame descansar unos minutos más, vieja molesta— digo tomando la mano que acaricia mi mejilla y la sonrisita de mi vieja enojona.
—Debes tomarte tus pastillas y yo tengo que preparar las galletas para las casas de jengibre que harán mis niños.
—Ah— suelto un suspiro melancólico — aún recuerdo cómo mis princesas y Enzo celebraron su primera navidad en Italia, después que Alma lo obligara a quedarse con nosotros, fueron nuestras últimas vacaciones como familia, después mi hijo se transformó en un energúmeno y a los pocos años se separaron.
—Lo recuerdo como si fuera ayer, cuando Blue nos dijo que se vendría acá con mi Almita y a los pocos meses después las acompañó Val.
—Hay algo que siempre me he preguntado y aún no hay respuesta en mi cabeza ¿Qué tanto mal hice para que mis hijos fueran unos desgraciados?— digo, mientras dejo que mi viejita me limpie las lágrimas que caen por mis mejillas.
—Tú no hiciste nada, Agustín. Tus hijos forjaron su propio destino, tú les diste todo. No solamente lo material, sino que también todo tu amor desde que tu esposa falleció.
Pero si lo ves de otra forma, mi Blue no fue así y sin ser tu hija biológica ella y su esposo te han dado tanto amor.
—Y nuevos hijos, nietos, bisnietos y sobrinos, tienes razón. Yo debo estar agradecido de todo aquello que la vida me ha ofrecido, ya no puedo llorar sobre la leche derramada.
—Así me gusta, mi viejo mañoso. Te amo, con todo mi corazón.
Gloria, besó mis labios con esa dulzura que jamás sentí en una mujer, ni siquiera en mi esposa. Ella llegó a trabajar cuando Blue quedó huérfana, ya para esa época era un viudo trabajólico y con dos hijos que necesitaba ayuda. Aunque, muchas veces la trataron como poca cosa, pero esa mujer se ganó mi confianza y aprecio cuando mi hijo me dejó, literalmente, en la calle. Todavía recuerdo lo que me dijo el día que nos desalojaron de mi casa.
“Te vienes conmigo y no acepto un no como respuesta, ya hablé con Val y ella me dijo que su padre haría todo por llevarnos a Estados Unidos, así que te aguantas, Soré. Ahora soy yo la que manda porque nos vamos a mi casa”
A las pocas semanas y en un día de san Valentín, me reencontré con mis princesas y tuve el honor de conocer a mi yerno y sus hijos.
Todos los que nos recibieron ese día nos trataron muy bien y después de las palabras de Adam no me quedó de otra que asentarme en este país y dejar a mi querida España. Aunque nada ya tenía en ese lugar, solo recuerdos.
Después de bañarme y dejar que mi vieja mañosa me vistiera y arreglara, me senté en mi silla de ruedas y salimos de nuestra habitación en la casa de mi hija.
Ya son las siete treinta de la mañana y el bullicio en la casa no se hace esperar. Mis hermosos mellizos discuten por algo de sus trabajos en su último año de escuela, mi pequeño Elliot está armando uno de sus nuevos experimentos y las gemelitas corren de un lado a otro para que Alma no las peine.
—Te atrapé — dice mi viejita mañosa a la pequeña Catalina. Ella y yo somos los únicos que las sabemos diferenciar al dedillo. Cata es un poco más calmada que Alondra y aunque juegan a cambiarse entre sí, a nosotros no nos hacen tontos.
Tomamos el desayuno en familia y, como siempre, esos niños nos hicieron la mañana. Cuando terminamos, Blue y Adam salieron a trabajar sin problema y los chicos se fueron a la escuela.
A eso del medio día , Alma recibe una llamada de su amiga Dana y comienza a preparar las cosas para salir. Enzo sale tras ella y después escuchamos unos cuantos gritos, Alma sale toda enfurruñada y Enzo no entiende ni mierda, ambos se despiden de nosotros y se llevan a los niños.
Con menos gritos y con cara de circunstancia nos quedamos mirando, para luego seguir con nuestro día a día. Ya volverían y nos explicarían lo que sucedió.
Glorita se dispuso con las niñas de la cocina a preparar galletas para las casitas de jengibre y yo me fui al estudio a leer un rato.
Hoy estaba metido en otra de las novelas de Valery Archaga, el tal Máximo era un mafioso de tomo y lomo y la pobre Esmeralda sufría por su amor por él.
Me recordó a la amiga de mis nietos y tía de David, esa pobre chica si que estuvo mal, por suerte pudo ser operada y ahora vive una vida normal.
—Hasta en la vida real pasan cosas así — digo para mi mismo y sonrío sirviéndome una copa de whisky.
—Te faltó pasa en TNT y me habría reído de ti.
—¡Me asustaste, mujer! Deberías ser consiente de que ya estoy viejo y ya no estoy para estos trotes.
—Tú siempre estarás para esos trotes, viejo mañoso.
Mi hermosa Glorita se acerca a mí y se sienta en mi regazo, la abrazo por la cintura y coloco mi cara en el hueco de su cuello. Su aroma dulce me impregna las fosas nasales y siento esa paz que tanto me gusta.
—¿Qué lees?
—Estoy por terminar Maximo y espero que pronto llegue el libro de todo ocurrió un día de otoño, el año pasado me leí el de Navidad y fue hermoso.
—Eres tan sentimental que me encanta verte cuando lees y te apasionas por un libro.
—Yo extraño un poco cuchichear con Thomas, pero espero que pronto tenga tiempo y volvamos a leer juntos.
—Difícil con tanto trabajo y los bebés, pero sé que él ya se hará su tiempo.
—Lo sé, cariño, lo sé.
—¿Quieres unas galletas con café?
—Y muchos besos tuyos, eso me haría muy feliz.
—¡Estás loco!
—Y muy feliz que me hayas aceptado y que en mis últimos años de vida pueda verdaderamente conocer lo que es el amor.
—Gracias a ti por ser tan maravilloso y por fijarte en una simple empleada como yo.
—Jamás has sido una simple empleada, eres mi familia y mi hogar, Gloria. Desde el día que pude decirte lo que en realidad sentía por ti fue como si la verdad se abriera ante mis ojos.
—¿Te acuerdas cómo me lo propusiste?
—Está en mi memoria como si fuese ayer.
Flashback
Fue por estas mismas fechas, que un día Glorita comenzó a sentirse mal y el pánico nos invadió a todos.
Val y Ethan se la llevaron al hospital para hacerle una serie de exámenes y nosotros nos quedamos en casa esperando que nada malo le pasara.
—¿Estás preocupado, viejito?
—Claro que sí, Glorita es una persona muy importante para todos.
—Y la amas ¿o me equivoco?
—¡Blue! ¿qué dices? Esa vieja mañosa no me gusta para nada.
—Y después dicen que uno es la ciega.
—¿Ahora eres tú, Alma? No puedo creerlo, es que ustedes se han confabulado en contra de mí.
—No es eso abuelito, es que te vemos, tus ojitos brillan como los de papá cuando ve a mamá, incluso como los de Enzo cuando me mira.
—Creo que el amor te zafó un tornillo.
— Hechos abuelito, solo son los hechos de la causa.
—No sé para qué estudiaste teatro, como abogada re iría muy bien.
—Papá, esto va más allá de eso, lo que dice Alma es cierto y de verdad que a mí me gusta Gloria como madrastra.
—Ya paren ustedes dos.
Ambas soltaron una risita cómplice y negaron con sus cabezas.
Unas horas después, Val llamó a mi hija y le informó que Glorita se quedaría la noche para que le hicieran unos estudios, mis alarmas se encendieron y cuando Blue nos dijo que iría a dejarle algunas cosas, no medié nada y me dirigí a mi cuarto, tomé algo que llevaba guardado hace mucho tiempo y salí de ahí para acompañar a mi hija.
Cuando llegamos al hospital, la amorosa de Claudia nos llevó hasta la habitación de Glorita, ella estaba medio dormida y nos miró con su celo fruncido cuando entramos.
—¿Qué hacen aquí? No debieron molestarse.
—Tú nunca serás una molestia, mujer. Además, este viejito estab preocupado por ti.
—Habla por ti, hija. Yo vengo a cerciorarme que esta señora no esté haciéndole pasar malos ratos a mis nietos.
—Uy sí, como si me interesara estar encerrada entre estas cuatro paredes.
—¡Ya basta ustedes dos!— nos reclama Blue— . Dejaré estas cosas aquí e iré a hablar con los chicos, pórtense bien y no se asesinen antes de que vuelva.
—Dilo por él, hija querida. Yo me portaré como una reina.
—Como si pudieras—Blue me miró con esos ojos que me recordaban a su abuela cuando se molestaba y elevé mis manos en son de rendición— . Está bien, lo prometo.
Después de que mi hija saliera de la habitación, nos quedamos ambos en silencio, uno muy incómodo debo decir, así que me decidí a hablar.
—Disculpa si te incomodó mi visita, no era mi intención.
—Está bien, lo disculpo ¿Se tomó su medicamento?
—Alma me lo dio antes de salir.
—Eso está bien, mire que si algo me pasa no me gustaría que usted.
—Nada te va a pasar, mujer. Esto es solo de rutina, ya verás que mañana estarás en casa molestando a medio mundo.
—Gracias— me dice limpiando una lágrima loca que, como pude me acerqué lo que más pude y tomé su mano.
—No te preocupes, todo saldrá bien.
Besé su mano y sin mediar nada me aproximé a ella. Tomé su rostro y sonreí al ver las líneas de expresión en su rostro, esas que le hacían ver más hermosa de lo que ya era y sin más la besé.
Sentí como más lágrimas caían por su rostro y me atreví a mirarla, estaba sonrojada y con sus ojos atribulados.
—Agustín, yo…
—Lo sé, yo también, disculpa que me haya demorado tanto tiempo para darme cuenta de lo importante que eres para mí. Te amo.
Coloqué el pequeño anillo en su dedo y le pedí que fuera mi esposa.
Fin del flashback.
Así fue que, dos días después, en víspera de navidad, unimos nuestras vidas en matrimonio.
Estaba toda la familia y como nunca lo pensé, me sentí absolutamente pleno y feliz.
Mis nietos fueron de gran ayuda ese día, hicieron maravillas con el salón de la casa, pues estaba nevando afuera.
Mi pequeña Sophia y mi angelito de Elliot fueron los que nos entregaron nuestras argollas y cuando ambos firmamos los papeles que acreditaban nuestra unión la fiesta de besos y abrazos nos dejó el corazón llenito.
Y, desde aquél día que le declaré mis sentimientos estamos juntos y, aunque a veces le hago la vida de cuadritos, soy su esclavo y sigo cada día más enamorado de esa mujer que sin quererlo, se ha transformado en el amor de mi vida y como cada año, celebramos el amor y la vida en navidad en familia, con nuestra familia.