—¡Estoy harta! —Gritó Jane con todas sus fuerzas mientras tiraba otro pantalón a la pila de ropa sobre la cama. ¡Ya nada le quedaba! De no crecer, al parecer, a su hijo de un día para otro le había dado por desarrollarse. Pronto no podría ocultarlo más, estaba entrando en su semana número dieciocho, ya cuatro meses y medio. Habían transcurrido cuatro semanas desde su primer día de trabajo y las cosas estaban saliendo bien, no excelentes, pero bien. Había logrado hacer un buen equipo con Katy, quizá porque a la chica le gustaba Rubén se esforzaba mucho más por hacer bien su trabajo. Del resto del equipo no podía hablar, todos trataban de hacer lo que les pedía, pero se nota van bastante influenciados por quién se había convertido en su peor enemigo laboral: el tal Javier. —¿Pero qué pasa

