Noto que una mano enorme me tapa la boca y me despierto sobresaltada. Abro los ojos de golpe, la adrenalina me corre por las venas. Aterrada, empiezo a forcejear… y entonces oigo una voz familiar que me susurra al oído: —Shhh, Nora. Soy yo. No digas nada, ¿vale? Asiento ligeramente y me estremezco de alivio; él me quita la mano de la boca. Giro la cabeza y miro a Julian con incredulidad. Está agachado a mi lado, vestido de n***o de arriba abajo. Lleva un chaleco antibalas que le cubre pecho y espaldas y unas franjas diagonales negras pintadas en la cara. Una metralleta le cuelga del hombro y lleva todo un surtido de armas prendido del cinturón. Parece un desconocido letal, solo que sus ojos me resultan familiares, tan brillantes en esa cara oscura. Durante un segundo creo que estoy soñ

