Durante la semana siguiente, me recupero en la clínica. Julian viene a verme todos los días y pasa varias horas a mi lado, al igual que Beth. Angela me cuida la mayoría del tiempo, aunque también se han pasado un par de médicos para comprobar el expediente médico y ajustar la dosis de analgésicos. Todavía no le he dicho a nadie que me han secuestrado, tampoco me planteo hacerlo. Por un lado, tengo la impresión de que se le paga al equipo sanitario para que sea discreto. Nadie parece tener curiosidad por saber qué hace una chica estadounidense en Filipinas, pero tampoco creo que vayan a preguntarme. A Angela solo le interesa si me duele, si tengo sed o hambre y si necesito ir al baño. Estoy segura de que, si le pido que llame a la policía, se va a limitar a sonreírme y administrarme más an

