—Hola, Nora. El tono de su voz es aparentemente suave y su cara perfecta e inexpresiva; y, sin embargo, noto la rabia que le quema por dentro. Me quedo mirándolo fijamente un segundo, inmóvil por el miedo. Solo puedo oír los latidos de mi corazón. Entonces empiezo a retroceder, aunque sin quitarle los ojos de encima. Tengo las manos levantadas enfrente de mí para defenderme, en una de ellas sostengo firmemente la piedra y en la otra el cuchillo. En ese momento, unas manos de acero me agarran por los brazos desde atrás y me tuercen las muñecas, lo que me causa mucho dolor. Chillo y me resisto, pero Beth es demasiado fuerte. El cuchillo se gira hacia atrás en la mano y por poco me alcanza el hombro. En tan solo un instante, Julian está encima de mí y me fuerza las manos para quitarme el

