Azul Terminé mi turno agotada pero con la determinación firme de cambiar mi vida. Alessandro estaba en recepción cuando pasé, pero no le dirigí la mirada. No tenía por qué hacerlo. Lo nuestro nunca fue nada y él lo dejó claro desde el primer día. Ahora fingía que le importaba. Patético. Marco llegó puntual con su coche y me llevó a los edificios. Me habló del barrio, del alquiler, de lo bien que estaría allí. Solo escuchaba a medias, centrada en mi objetivo: conseguir independencia. El departamento era pequeño, pero acogedor. La casera me explicó lo necesario. Cuando salimos y comenzamos a bajar las escaleras, escuché pasos apresurados. Me giré… y allí estaba Alessandro. —¿¡Se puede saber qué haces aquí!? —espeté. —¿Yo? ¿Y tú qué haces subiéndose al coche de un desconocido y metiéndot

