Finalmente era sábado, mi cabeza me estallaba y mis recuerdos iban y venían. ¡Diablos! Había tomado condenadamente mucho y ahora me arrepentía por mis acciones. Cuando me giré me encontré que estaba el sillón porque este se me terminó y termine cayendo de culo sobre el piso. — ¡Maldita mierda! — vociferé tan fuerte, me había dolido. Miraba a mi alrededor y no comprendía cómo es que había llegado a casa y con quién porque el único recuerdo que tenía en mi mente era estar en el bar bebiendo como un loco escuchando las risas constantes de Leslie por alguna estupidez que Felipe susurraba en su oído. Luego de eso había perdido por completo la noción de todo y había caído en el pozo de los no recuerdos. — ¿Qué habré tomado que me dejó tan mal? — Vodka mi amigo. — ¡SANTA MIERDA! — grité

