Yagiz y Conrad bajaron en el ascensor, ambos tenían planes distintos para la tarde, pero llevaban días sin hablar, y a Conrad le preocupaba de más que Yagiz continuara ilusionándose con esa mujer que no le convenía. No podía enamorarse de esa forma casi adictiva de una put@, y mientras más se demoraban en abrir la boca , más Yagiz se iba metiendo en un terreno pantanoso del cual no parecía querer salir. Arena movedizas… esa zorra lo había metido en arenas peligrosas y movedizas. Se estaba metiendo hasta el cuello, y aún así se veía terriblemente feliz. —¿Qué harás el resto de la tarde?— le preguntó Conrad a su amigo, pensando que quizás ya había llegado la hora de hablar y contarle la verdad que había descubierto casi que por accidente— Hay un buen bar cerca de aquí. Es bastante disc

