—¿Cómo dormiste?— preguntó él mirándolo extasiado, cautivado totalmente por ella que sin proponérselo y sin pretensiones ocupaba últimamente sus pensamientos. Se veía tan hermosa batiendo las pestañas largas como mariposas, que rodeaban esos ojos tan únicos y expresivos—. Te veías tan tranquila, que parecías un ángel de gloria. Te hubiese podido ver dormir, toda la vida. —¿No dormiste? — preguntó ella sorprendida, él asintió brindándole la respuesta a la pregunta de cómo había dormido, y respondió— Si, si dormí muy bien, sin preocupaciones, ni dudas, ni miedos. Ni siquiera recuerdo cuando me dormí. La acarició despacio y a miro a los ojos contemplando a la mujer que estaba seguro que quería como esposa. —Dormí un poco si— respondió Yagiz, y le besó la frente—. Habitualmente no duermo

