CAPÍTULO 39. CONFESIONES

1803 Palabras

Entré a mi habitación muy molesta, cerrando la puerta con fuerza haciéndola retumbar en todo el pasillo, haciendo ver mi estado de enojo, me cortaban y no echaba sangre del coraje, nunca me había molestado tanto con mi abuelo, no entendía porque ahora le había dado por ponerse con esas mojigaterías, después de todo él nunca fue santo, todo lo contrario en su juventud era un mujeriego empedernido y ahora pretendía darme lecciones de moral, pero no cedería, ya encontraría una forma de saltear sus tontos controles como me llamó Camila Vaphil Rocco Sebastini.   Arrojé mi bolso en el sofá, estaba ubicado a la derecha de mi habitación, me tiré en la cama sin cambiarme de ropa, sin poder evitar recordar los momentos de coqueteo con Camillo en el auto y de inmediato mis senos comenzaron a cosqui

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