Cuando las palabras brotaron de mi boca sin darme cuenta, confesándole que estaba enamorada de él, no pude evitar el rubor de mis mejillas y la emoción recorrió mis venas sintiéndome extasiada; Camillo me pidió le repitiera las palabras, pero como no me animaba a repetírselas, empezó a besarme como un loco por mi cuello, entretanto yo reía encantada, me sentía feliz, haber reconocido mi amor por él. Eso me hacía sentir diferente, fuerte e invencible. —Te amo —le repetí y tomó mis labios, recorrió cada resquicio de mi boca con devoción, nuestras lenguas se encontraron en un baile de pasión. Sin darme cuenta me fue desnudando poco a poco, descendió por mi cuello, me abrió la blusa, apartó el brasier y comenzó a chupar mis senos ansioso, hambriento, estaba embelesado mordisqueando, pr

