Durante mis treinta y nueve años había visto muchas miradas de odio, no obstante, esta de Felipe me hizo temblar de pies a cabeza, y no porque fuera un cobarde, todo lo contrario, no era fácil acobardarme, no obstante, su rostro transformado, envió una ráfaga de sensación fría a recorrer mi espina dorsal, la impresión fue mucha, inconscientemente retrocedí unos pasos. Él apretó las manos en puños y dibujó una macabra sonrisa, no conocía esa faceta de él. —¡Eres muy valiente o loco Camillo Ferrari! Solo de esa manera se explicaría el hecho de haberte atrevido a venir a mi casa a decirme semejante babosada. » Tienes un minuto para retractarte de esas palabras y decirme, que se trata de una broma de mal gusto o te juro viniste a esta casa a morir —expresó apenas conteniendo su eno

