Me puse el vestido n***o que siempre utilizaba para los rituales fúnebres, había pasado una semana desde el accidente, una semana de caos era que había regresado al hospital. Una semana en la que no había pasado nada, simplemente me la pasé en la cama recibiendo las visitas de cada día sin poder escuchar nada. Había estado viviendo en un constante silencio en el que el mundo ya no tenía sentido, sin embargo la última palabra que había escuchado se repetía en aquel silencio de vez en cuando. A veces mientras dormía lo escuchaba de repente y entonces despertaba de golpe como si hubiera tenido una terrible pesadilla, algunas veces vi a la señora Ruth mirarme para recordarme qué había dejado un mensaje para mí el cual aún no escuchaba o simplemente no lo entendía. Entonces hubo momentos en los que el silencio se convirtió en ruido y empezaba a gritar, me cubría los oídos con mis manos y gritaba sin poder escuchar mi voz pero terminando a todos a mi alrededor. Hasta que finalmente regresé a casa para poderme el vestido n***o qué siempre se mantenía en mi hermana aguardando para ser utilizado, traigo una razón había empezado molestarme que estuviera allí constantemente listo, porque había asistido a demasiados entierros últimamente.
Sentí una mano posarse en mi hombro y me di la vuelta para ver a mi padre, seguramente me habías llamado unas cuantas veces antes de recordar que podía escucharlo. Así que lo miré atentamente para intentar leer sus labios, y él habló lentamente con la esperanza de que pudiera entender.
—Vamos, te...abajo —, se me dificulta un poco entenderlo todo pero de acuerdo al contexto de la situación estaba segura que intentaba decirme que ya todo se encontraban abajo esperándome, porque se supone que íbamos a enterrar a Mason finalmente. No estaba segura que era lo que les había tomado tanto tiempo, algo no había podido permitir qué se realizará su entierro antes, habían pasado demasiadas cosas en los últimos días y no me había enterado de la mayoría de ellas.
Finalmente di un asentimiento a lo que había dicho aunque no había entendido la frase completa, y lo seguí al piso de abajo dónde ciertamente se encontraron todos incluida la novia de mi hermano fallecido. Nadie la conocía realmente, excepto Milo quién nos la presentó y le informó mis padres al respecto, me sentí extraña al no haber sabido quién era ella, como si hubiera fallado como hermana al no verme enterado antes.
En el entierro había demasiadas personas y fantasmas, pero lo que más me molesta es que aún seguía sin ver a Mason. Muchas familias del mundo paranormal asistieron y mostraron su respetos hacia mi padre y mi madre, todos ellos se sentían mal por lo que había sucedido y de algún modo se cruzaban porque sentían que toda la situación se les había salido de las manos.
—Todos mueren sin importar cuán fuertes sean —dijo la niña fantasma y la escuché sin problema, porque los únicos que podía escuchar eran los fantasmas.
—Que trágico —otro fantasma qué me miró de forma extraña y movió sus ojos como intentando indicarme que mirara a mi lado, lo cual hice y entonces vi a Jeremías. En ese momento entendí que el fantasma simplemente había repetido lo que él había dicho cómo si quisiera que lo escuchara, quería que interactuar con aquel hombre por alguna razón.
—Genou —dije al reconocer y él me dio una sonrisa floja mientras se ponía un cigarrillo entre los dientes y buscaba el encendedor —. Me molesta el humo —le dije y el de tuvo sus movimientos pensando en qué hacer a continuación.
—No se puede... a todos —apenas logré descifrar lo que decía porque había hablado entre dientes sosteniendo un cigarrillo sin encender, y por su expresión pude darme cuenta que había notado su error, entonces miro al fantasma busca de ayuda.
—Dijo qué no se puede hacer feliz a todos, supongo que piensa encender el cigarrillo de todos modos —comenta el fantasma y miró a Jeremías un poco molesto antes de arrojar el cigarrillo lejos de él y sorprenderlo.
—Wow —dijo Jeremías sorprendido y vi como otras personas se habían dado cuenta de aquello, mi padre se acercó a mí para preguntarme si estaba bien y dio una mirada interrogante al fantasma.
—La estaba molestando —hijo del fantasma en su defensa —, no queremos que nadie la moleste.
las otras familias que pudieron ver el intercambio se fijaron en mi con sospecha, había llamado su atención lo que me causó gran incomodidad.
—Me voy —dije ansiosa, pero mi padre me rodeo con uno de sus brazos y me mandó a su lado.
Tuve que quedarme a presenciar cómo bajaba en el ataúd aquel agujero oscuro bajo tierra, tuve que escuchar las palabras del sacerdote aunque ninguno de nosotros profesaba el catolicismo, estaba segura que muy pocas familias lo profesaban aún. Todos teníamos creencias muy diferentes, pero manteníamos algunas costumbres porque así era como se nos había enseñado generación tras generación.
—Te di la oportunidad de buscar su alma y no quisiste aceptar, y ahora estamos aquí viendo como entierran su cuerpo —miré a mi derecha y vi el recolector de almas, estaba sorprendida de que nadie más pudiera verlo —, me puedes ver porque estoy en tu mente, tenemos una conexión bastante extraña... Me pregunto si es porque te atreviste a mirarme a los ojos y yo también vi los tuyos.
No le dije nada porque no quería parecer loca hablándole a la nada, así que volví a mirar el ataúd qué bajaba lentamente. Mi cuerpo empezó a temblar y mi hermano se apresuró a poner abrigo sobre mí con ayuda de mi padre, ambos creyeron que temblaba por la fría brisa qué atravesaba el cementerio, pero fue una reacción hacia aquel espíritu que no parecía querer dejarme en paz.
Puñados de tierra fueron arrojados al agujero y me rompí a llorar, era un momento demasiado doloroso para todos. Lo único que me molestaba era el hombre a mi lado, no dejaba de mirarme fijamente.
—Te dije que no te enfocaras en el sufrimiento, deberías prestar más atención a lo que sucede a tu alrededor —me dijo al oído.
—Vete —le dije en voz baja intentando contener mi enojo, y él me miró como si se tratara de un chiste.
Todos los espíritus del cementerio aparecieron vistiendo de n***o, y le dieron una dura mirada al recolector. Esto llamó la atención de todos los asistentes al entierro que poseían la vision, podían sentir que los fantasmas estaban molestos por alguna razón desconocida para ellos. El recolector se sintió superado en número y su entrecejo se frunció al ver cómo había sido desafiado, estaba segura que no era algo que sucediera muy a menudo.
—Hace frío —dijo mi hermano y una ventisca paso, los sombreros volaron y las faldas de los vestidos se levantaron, mi cabello se sacudió a mi alrededor y aquel hombre desapareció.
—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Jeremías a nadie en particular, y me miró de forma interrogante por unos segundos.
Los asistentes empezaron a despedirse una hora después, algunos no tardaron tanto porque tenían otros compromisos. Cuando fue demasiado para mí me escapé de la vista de todos, y caminé en silencio hacia la casa, no estaba lejos después de todo. Pero, aunque deseaba estar sola por el resto del día, Jeremías me encontró y me hizo compañía hasta la puerta de la casa.
—Solamente quería asegurarme de que...
—Quieres hacer preguntas, pero no estoy interesada en dar respuestas, solamente quiero estar sola —le dije, sabía que había estado hablando por un tiempo, algunos fantasmas me informaban de lo que pasaba a mi alrededor, ni siquiera le había pedido ayuda a nadie.
—Ey —, él tomó mi brazo y me detuvo de entrar a la casa, intentaba llamar la atención y logró que pusiera mis ojos en su rostro —, también quería decir que siento lo de tu novio —dijo lentamente.
No dije nada porque se trataba de un tema que intentaba evitar a toda costa, así que me prepare para alejarme del mundo dentro de la casa.
—Adiós.
Ciertamente una vez dentro de la casa ya no podía escuchar ni siquiera a los fantasmas, así que me podía tranquilizar un poco. Ni siquiera me molesté en encender las luces, solamente quería llegar al baño para meterme en la bañera. Me asusté cuando mi abuela apareció de repente sujetando algunas cajas viejas, y por la forma en que ella me miró supe que tampoco me esperaba allí.
—¿Cansada? —me preguntó y asentí —, estoy buscando algo...
—Tomaré un baño.
—¿Vas a visitarlo después? —me preguntó, me quedé mirándola un rato mientras procesaba exactamente lo que había dicho, a veces con tres palabras ya lograba adivinar lo que decían, pero había momentos en que me costaba comprender.
—Sí —le dije.
Nuestra conversación no avanzó más allá de ahí, ella me dejó ir a tomar el baño que tanto ansiaba, no hizo más preguntas y se escabulló con la caja a otro lugar. Yo le puse seguro al cuarto de baño, y luego de quitarme la ropa y abrir la ducha con la temperatura adecuada, me metí en la bañera bajo el agua y deslicé la puerta para cerrar el espacio. Aunque no podía escuchar como antes, la caída del agua era un sonido que lograba oír como si estuviera a larga distancia. De vez en cuando escuchaba un pitido y luego ruido, como si se me destaparan los oídos, los doctores ya me habían dicho que no me preocupara porque era una señal de recuperación. Eso fue lo que pasó cuando el agua me llegó hasta el pecho, cerré la llave del agua y escuché el sonido de mis movimientos.
—Bu —dije sin sentido, solamente quería escuchar mi voz.
Me quedé en silencio por varios minutos para escuchar mi alrededor, hasta que un sonido extraño llamó mi atención y me fijé en la puerta de cristal. En el vidrio empañado vi cómo escribían mi nombre, cómo si alguien deslizará su dedo índice lentamente para hacer la forma de las letras, pero se supone que solamente yo estaba allí y ningún espíritu podía entrar a la casa. Pese a ello algo escribió mi nombre, el cual Lee lentamente y en voz alta sin poder creerlo.
—Mara —, y entonces escribió otra palabra —, vive... ¿Caleb? —pregunté asustada, y me acerqué lentamente el cristal intentando ver a través de él, hasta que un fuerte golpe qué me sobresalto y la forma de una mano quedó estampada en el cristal.
Me acerqué lentamente así el cristal y puse una de mis manos sobre la forma de la mano estampada, obviamente era un poco más grande que la mía, se trataba de la mano de un hombre pero no estaba segura de quién. Estuve contemplándola por varios segundos hasta que el golpe se repitió una y otra vez, y aparecieron varias formas de manos en el cristal empañado, todas de diferentes tamaños y formas. Así que me asusté me alejé tanto como pude dentro de la bañera cubriendo mis oídos con mis manos, sin saber exactamente que estaba pasando y porque estaba viendo aquello. El agua caliente se tornó fría y la temperatura de mi cuerpo empezó a bajar, así que baje la mirada a líquido en el que estaba sumergida y grité cuando lo vi de un color oscuro, el agua estaba completamente negra y no podía ver más allá de la superficie.
—¿Que...?
sentí que algunas manos tomaban mis pies y tocaban mis piernas, de repente me empujaron a lo profundo y el fondo de la bañera dejó de existir. Me hundí en un mar oscuro infinito de almas qué querían arrastrarme al más allá, así que pelee con todas mis fuerzas para soltarme de su agarre. Pero era demasiado fuerte y yo demasiado débil, entonces grité sin ser capaz de contener más el aire.
—¡Mara! —alguien me sacó del agua inmediatamente, regresé al baño donde se supone había estado antes de que las cosas se pusieran extrañas. Mi abuela me miraba bastante exaltada, detrás de ella la puerta estaba abierta y un poco dañada, no estaba segura que había hecho para dejarla en tal estado, sin embargo tenía sentido que usará la fuerza teniendo en cuenta que había puesto el seguro para que nadie pudiera entrar —. ¿Qué era lo que estabas haciendo?
—Algo... Algo me empujó —le dije aunque no estaba segura de que hubiera preguntado aquello, porque había hablado demasiado rápido sacudida por la situación.
Entonces ella tomó mi cabeza con sus manos intento arreglarme el cabello que estaba bastante desordenado sobre mi rostro, así que me ayuda a hacerlo a un lado para poder verme mejor. Luego tomó la toalla y me ayudó a salir del agua, hizo eso dando vistazos a la bañera con temor de que algo fuera a salir de allí. No estaba segura que era lo que mi abuela había presenciado para tenerla tan nerviosa, sus manos temblaron un poco mientras me sacaba de allí, video directamente a mi habitación.
—¿Qué viste? —me preguntó lentamente, y yo miré sus labios fijamente para entender.
—Estaba oscuro —le dije —, me querían llevar...
—¿A dónde? —pregunto, y agradecí que fuera una pregunta corta porque era más fácil de entender.
—Al más allá —dije con seguridad, aunque no tenía como comprobarlo algo dentro de mí me decía que ese era el lugar hacia el cual me llevaban.
Mi abuela me miró creyendo en mis palabras, entonces procedió ayudarme a vestirme y luego me insto a tomar una siesta. No quería dormir porque está un poco asustada después del ocurrido, pero ya se sentó a mi lado y espero a que cerraré mis ojos. Creí que tendría pesadillas por todo lo que había sucedido, más no fue así porque pude dormir tranquila sin sueños que me atormentaran o me hicieron dudar sobre mi propia cordura. Lo mejor que pudo suceder me cedía fue dormir, ya que pudo entregarme a la nada y dejar de pensar por una hora entera, aunque sabía muy bien que al despertar iría al hospital como todos los días desde que me fui, porque aún tenía mucho que hacer necesitaba verlo a él para ayudarlo a regresar.