Un par de fotografías con el celular de Ian Kilian bastan para recordar nuestro día especial y por fin irnos tomados de la mano. Salimos del pequeño registro civil emocionados, eufóricos, dejando que el aroma a sal nos recorra al igual que el viento perfumado debido a las flores, pero ni mencionar el abrumador calor húmedo que ha subido de temperatura aun cuando el sol ya se ha ocultado. Camino pegada a él, dejando que me abrace por la cintura mientras escuchamos los grillos y algunas cigarras cantar entre la maleza hasta que llegamos nuevamente al muelle donde tomamos nuestro pequeño bote. Una vez dentro Ian Kilian nuevamente emprende el viaje emocionándome.— Y ahora sí…¿A dónde vamos? —Rente un lugar, creo que te gustará. Le sonrío dejando que me lleve entre el mar cristalino, que au

