Intenté buscar mi celular, pero lo había dejado en la barra junto a Shawn. El movimiento solo hizo que todo empeorara. Agarré el lavamanos con fuerza intentando mantener el equilibrio.
¿Cómo mierda había pasado?
Tenía que llegar donde estaba Shawn, tenía que salir de ahí y avisarle. Miré nuevamente mi reflejo, la Carolina que estaba frente a mí era una persona totalmente distinta.
Y mi mente se apagó.
Podía sentir mi respiración agitada, no podía ver nada, no podía abrir los ojos. Mis párpados, junto con el resto de mi cuerpo parecían como si pesaran una tonelada. Intenté gritar, pero nada salió de mis labios, luego, nada. Escuché un sonido y con todas mis fuerzas intenté abrir los ojos, todo estaba oscuro, no lo había logrado. La piel me picaba y la cabeza me daba vueltas junto con una gran puntada en la frente.
Otro sonido.
Intenté levantar mi brazo, pero nada. Mover algo de mi cuerpo, nada, un sonido lastimoso salió de mi garganta haciéndome revivir solo lo suficiente para abrir un poco los ojos. Shawn estaba en la puerta, pero mis párpados pesados volvieron a cerrarse.
—Mierda, Carolina —su voz sonaba desesperada.
Pude sentir como me elevaba del suelo y mis oídos se llenaban de voces y música solo para volver a entumecerse.
—¿Qué mierda pasó?
Reconocí la voz, era Jacob.
—La drogaron, igual como lo hicieron conmigo ayer, tenemos que…
Voces, puertas, sonidos. Abrí los ojos pesados como cemento, estaba en una habitación. Intenté decirles que estaba bien, pero nada salía de mi boca, solo podía sentir mi pecho subir y bajar rápidamente.
—¿Shawn? —murmuré apenas.
—Estarás bien. —Lo oí decir, pero su voz sonaba totalmente preocupada.
No escuché nada más.
Me desperté sin abrir los ojos, confundida y con un gran dolor que cruzaba por toda mi frente.
Mierda.
¿Dónde estaba?
Abrí los ojos de golpe y me senté como si me hubieran puesto un resorte en el cuerpo. Grave error; la cabeza me dio vueltas y el dolor se esparció por todo mi ser y tuve que agarrar mi cabeza para que no saliera de mi cuerpo.
¿Qué mierda había pasado?
—Te drogaron —escuché a Shawn responder mi pregunta mental acercándose a mí para sentarse a mi lado.
Miré la habitación, era de día, pero él todavía estaba en su ropa de la noche anterior. Mientras tenía las manos en mi frente toqué algo que no era piel; un parche arriba de mi ojo derecho, por encima de la ceja. Miré a Shawn asustada.
—¿Qué…?
—Suponemos que te golpeaste al caer al suelo, tienes un pequeño corte.
Su rostro estaba demacrado y el estomago empezó a darme vueltas cuando intenté recordar, pero todo pasaba como una película dañada por mi cabeza; me había parado al baño, eso era lo último que recordaba. Intenté alinear mis pensamientos, pestañeaba con rapidez y mi respiración comenzaba a acelerarse.
Mi respiración acelerada.
Otro recuerdo.
—Sospechamos que la droga te pegó más fuerte por ser más pequeña que yo, eso, o te dieron una dosis más fuerte.
Pasé mi mano por mi rostro para apartar el pelo que lo cubría. Algo andaba mal. Volví a pasar las manos por mi pelo, pero al seguir inconsciente por su largo no lo encontré. Mi cabellera larga no estaba, chequeé nuevamente para cerciorarme que no estaba alucinando, pero no, mi cabello pelirrojo que hace unas horas llegaba hasta mis caderas ahora apenas tocaban mis hombros. Mi respiración comenzó a duplicarse y Shawn me miraba apenado.
—¿Qué está pasando?
No pude contenerlo más. Las lágrimas comenzaron a salir rabiosas.
¿Qué mierda había pasado?
¿Qué mierda me habían hecho?
—Carolina, lo siento mucho. —Abrazó mi cuerpo abrumado, en un intento de detener las convulsiones que tenía por el llanto que ahora parecía imparable—. Esa zorra lo va a pagar. Que se meta conmigo es una cosa, pero que lo haga contigo ya es otra —habló furioso mientras acariciaba mi cabeza con poco pelo.
El tono de su voz cambió lo suficiente para hacerme sentir un poco más segura. Seguí llorando un poco más hasta que mi cuerpo cansado se rindió nuevamente en el sueño.
Me desperté nuevamente un poco más tranquila, pero aún con ganas de llorar. Sentí la ducha corriendo y supuse que Shawn se encontraba ahí. Me levanté en la misma ropa que tenía puesta el día anterior y me paré frente al gran espejo que se encontraba en la pared. Miré el parche blanco que tenía en la frente, decidí no tocarlo. Mi cabello era un revoltijo. Me pasé los dedos por él, el corte descuidado había dejado mechas largas que pasaban de mi hombro y otros que apenas lo tocaban, recordé que antes de ir al baño me había hecho una trenza. Pasaba mis ojos por todo mi cuerpo, pero no lo observaba, estaba hundida en miles de preguntas.
¿Quién haría algo así?
¿Qué tenía que ver yo en todo?
¿Me habrían violado?
Negué con la cabeza espantando esa pregunta, pues si había sido la mujer alta y bella no creía que tuviera intención de hacerlo, al menos que no haya sido ella.
¿Y si nos equivocamos de persona?
¿Y si es algo común ir drogando a gente en el hotel?
No lo creía, no podía creerlo.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que perdí el conocimiento hasta que me encontraron?
¿Me habría visto más gente?
¿Le hicieron algo a Shawn?
La cabeza comenzó a darme vueltas, necesitaba respuestas.
Shawn salió del cuarto de baño envuelto solo en una toalla que dejaba poco a la imaginación y otra más pequeña en su mano que ocupaba para secarse el rostro, y aunque mi aturdida cabeza quería seguir indagando en lo que pasó no pude evitar regocijarme con lo que tenía al frente.
—Carolina —dijo sorprendido al verme despierta—. ¿Cómo te sientes?
Despabilé de mi sueño diurno.
—¿Qué hora es?
Shawn dejó la pequeña toalla que tenía en la cama y las puso cuidadosamente en mis mejillas clavando sus ojos en los míos.
—Aún es temprano. ¿Estás bien? —preguntó inspeccionándome con cuidado. Miré su rostro preocupado y asentí dedicándole mi mejor sonrisa llena de tristeza.
—Estoy mejor —le aseguré y pasó sus brazos por mi cuerpo para apretarme fuerte.
—Me diste un susto tremendo, bebé.
¿Bebé?
Su voz parecía haber cambiado a notable alivio, y yo me fui al cielo y volví con la última palabra que dijo.
—¿Tú estás bien? —dije alejándome de su abrazo para examinarlo—. ¿No te hicieron nada a ti?
—Estoy bien —me aseguró.
Lo volví a abrazar más tranquila.
—Lamento haberte arruinado el after. —Las lágrimas comenzaron a quemarme la garganta.
—No digas tonterías. —Me besó la frente con cariño, evitando el parche.
—¿Dónde están los demás? No se enteraron de esto, ¿verdad?
—Están rumbo al pueblo —respondió. Suspiré aliviada—. Pero lo saben.
Mi estómago se apretó, no solo le arruiné la fiesta a él, sino que al resto.
—Shawn —me lamenté.
—Tenían que saberlo.
—Espera, ¿por qué no fuiste con ellos? —Mis palabras sonaron como un susurro.
—No podía dejarte sola. Jacob había cancelado el viaje insistiendo en quedarse contigo, pero los convencí a que fueran. Thomas hasta insistió en llevarte inconsciente, diciendo que alejarte de aquí sería la solución.
Sonrió algo apenado.
—¿Qué les contaste? —Bajó las manos que había subido para taparme el rostro y levantó mi mentón son su dedo para mirarlo a los ojos.
—Todo; lo que me pasó a mí y lo que te sucedió a ti. Mientras estabas inconsciente Francisco sacó una muestra de sangre, queríamos ir a dejar la constancia a la policía, pero decidimos que sería mejor esperar a que despertaras y así dar tu declaración.
Agradecí que lo hicieran, todo sería más rápido con más testigos.
—Sigo sin entender lo que pasó, estábamos teniendo todas las precauciones.
—Alguien debió poner la droga en tu botella mientras conversábamos o algo por el estilo. Si te sientes mejor podemos ir ahora a hacer la denuncia. Iremos a las cámaras de seguridad y las pediremos.
Negué con la cabeza.
—No quiero pensar en eso ahora.
—Tenemos que encerrar a esa zorra. —Shawn enojado no entendía.
—Lo sé, pero ¿no podemos por el momento agradecer que ambos estamos bien y no pasó a mayores? —Lo miré derrotada—. ¿Por favor?
Me miró por un momento para luego sentarse a mi lado y darme un tierno beso en la sien.
—Por su puesto, bebé.
Suspiré aliviada y algo atontada por la forma que decía esa palabra. Por la forma que me decía a mí esa palabra.
—Cuéntame qué pasó ayer —le dije apoyando mi cabeza dolorida en su hombro perfecto y él asintió con la suya para luego darme un tierno beso en la cabeza—. ¿Quién me encontró?
—Yo —respondió con un suspiro, como si acordarse de la imagen de mi cuerpo drogado e inerte le provocara angustia—. Te encontré en el último cubículo con la puerta cerrada, estaba sin pestillo, pero cerrada, como para que la gente que entrara creyese que estabas ahí como cualquier otra persona.
—No recuerdo haber entrado a uno después. —Me estaba confundiendo.
—Ella debió hacerlo.
Me quedé sin respuesta por un momento, intentando imaginar a esa bella mujer moviendo mi cuerpo.
—¿Cómo supiste qué había pasado?
—Cuando noté que había pasado mucho tiempo desde que te fuiste al baño comencé a dudar, te creí cuando dijiste que debías tomar más de tres cervezas para emborracharte, pero me había parecido raro que casi pierdes el equilibrio cuando bajaste del taburete, y aunque no le había prestado demasiada atención después pensé lo peor, pues no parecía tan imposible. Miré tu última botella y justo en el fondo había algo que no tenía la mía; unas partículas blancas. Ahora sabemos que la droga fueron pastillas y no otra cosa.
—Jesús.
Volví a agarrar mi cabeza en frustración, tristeza y miedo y él volvió a abrazar mi cuerpo preocupado. Ya no tenía que imaginar lo que sintió Shawn cuando lo drogaron, pues lo estaba viviendo en persona. Me acarició el pelo y levantó mi mentón con un dedo para darme un tierno beso en los labios.
—La vamos a encerrar, de eso estamos seguros —dijo mirándome seriamente a los ojos.
—Pero —Mi cabeza funcionaba a mil por hora intentando ingerir todo—, ¿por qué me drogó a mí? ¿Qué tengo que ver yo en todo esto?
Shawn volvió a suspirar cansado.
—Conversando con los chicos llegamos a la conclusión que se trata de una fan loca.
—¿Qué quiere decir eso? —Lo miré confundida.
—Fans que se obsesionan con un artista al punto de hacer algo como esto. Lo que creemos que pasó fue que esta mujer sabía que nuestra banda vendría por el fin de semana, se alojó aquí y me drogó, pero algo salió mal.
—¿Y eso es?
—Tú entraste en la ecuación y le arruinaste los planes, para luego verte junto a mí el próximo día, pensando que estábamos juntos. Ya no se podía desquitar conmigo y lo hizo contigo, eso o la zorra se equivocó de botella.
—Tiene sentido. —Pasé mi mano por mi cabello corto, me iba a tomar un tiempo acostumbrarme a ese largo.
—Todo es mi culpa —se lamentó después de un tiempo.
—De qué mierda hablas. —Se sorprendió por mi exaltación—. Nada de esto es tu culpa, Shawn, la culpa la tiene esa desquiciada que en estos momentos anda dando vueltas por el hotel, pensando que nos hizo tontos a los dos, pensando que en algún momento de su triste existencia podría haber ganado algo con todo esto. La culpa solo la tiene ella y nadie más. —Estaba perdiendo la calma nuevamente. Shawn me abrazó al notar como mis ojos se nublaban por culpa de las lágrimas que comenzaban a asomarse—. La única culpa que tienes que asumir… —hablé mientras me soltaba despacio, temiendo que terminara la frase—. Es que eres increíblemente apuesto y nadie se puede resistir a tus encantos —bromeé en un intento de cortar el denso ambiente que se había formado en la habitación mientras me secaba una lágrima traviesa.
—Me alegra que no pierdas el sentido del humor —me dijo con una sonrisa de alivio.
—Y yo estoy agradecida que no te pasó nada a ti. Y bueno, que no pasó a mayores conmigo. Además, hace tiempo que quería cambiar el look y tener una herida de guerra —le dije apuntando mi frente.
—Eres increíble.
Shawn sonreía sorprendido por mi cambio de ánimo. Miró hacia delante un momento intentando recordar algo.
—¿Qué sucede? —pregunté al verlo así.
—Jacob me dijo que nuestro estilista no iría con ellos y se quedaría en el hotel, si quieres podemos hablarle para…
Negué con la cabeza cortando su frase.
—No te preocupes, quiero volver a mi departamento para cambiarme de ropa y darme una ducha en un intento de arreglar mi rostro cansado.
Shawn me miró coqueto imaginándose quizás qué.
—De acuerdo.
—Ahora ve a ponerte un poco de ropa que no puedo pensar bien con el golpe en la cabeza, y tu cuerpo desnudo no ayuda en nada —le dije medio en broma pasándole la pequeña toalla que estaba a mi lado en un intento de cubrirle algo de piel.
Me sonrió divertido y me hizo caso, pero al levantarse de la cama y darme la espalda me envolvió un sentimiento que no pude detener.
Quería alejarme un momento de lo que estaba pasando, quería olvidar todo el drama, dejar de pensar. Me levanté de donde estaba sentada y toqué con suavidad su espalda que se tensó al instante bajo mi contacto. Pasé mis dedos por su tatuaje justo al medio de sus omoplatos mientras él suspiraba ruidosamente. Me acerqué delicadamente y le deposité un beso en ella haciendo que un ronroneo saliera del fondo de su ser. Abracé su torso bajando mis manos por su pecho hasta llegar a la pequeña toalla que colgaba desde sus caderas.
—Carolina, no tienes que… —Pudo apenas decir con la respiración entrecortada.
Pero no logró terminar la frase.