Eden llegó a la oficina muy alterada, todo lo que había ocurrido la había superado por millones, necesitaba respirar un poco y luego pensar en cómo se lo diría a Adam todo lo acontecido. Cuando las puertas del ascensor se abrieron una Aldana cargada de documentos la aguardaba, apenas la vio comenzó a hablar, pero Eden simplemente no escuchó absolutamente nada de lo que salía de su boca. Ella no solía comportarse así, era responsable y muy profesional, pero debía admitir que cuando de Mario se trata su mundo daba un giro y quedaba patas arriba. – Aldana lo lamento, no estoy muy bien y necesito que me des unos minutos, no he escuchado nada de lo que me dijiste, ¿Lo podemos ver más tarde? – Si por supuesto, no tenemos nada urgente. ¿Necesitas algo? – No, solo que me dejen sola por

