"Timoteo: el que honra a Dios" Cinco años habían pasado desde que Eme y Don tomaron caminos separados, por decirlo de una muy elegante manera, claro. En ese tiempo, Eme había vuelto a los Estados Unidos y se había sumergido en un trabajo en un bufete de abogados de Chivago, encontrando en su carrera un refugio para el corazón roto que aún latía en su pecho luego de todo lo ocurrido con su -aún- esposo. Mientras Eme hojeaba algunos documentos en su escritorio, su compañero Fred se acercó, con una sonrisa traviesa en los labios. — ¿Qué tienes ahí? ¿Otra cita con "la ley"? —bromeó Fred, señalando la pantalla de la computadora donde se veía la imagen de Don acompañada de un titular que hablaba del nuevo romance del carismático y millonario abogado italiano y su nuevo romance con una modelo

