Eme se quedó quieta por un momento frente a la puerta del auto, observando la pequeña casa que una vez había sido su refugio y ahora se sentía rara. Parecía que todo en su vida había cambiado, pero aquel lugar permanecía igual, esperando silenciosamente su regreso. Respiró hondo, deseando encontrar algún consuelo en esa estabilidad. Mientras, Fred, siempre atento, acercó las maletas desde auto con facilidad, mirándola de reojo mientras terminaba de acomodar el equipaje en la acera. –¿Quieres que despierte a Tim? –preguntó con suavidad, viendo cómo el niño seguía durmiendo profundamente en su asiento trasero, agotado por el viaje. —Yo lo haré — dijo Eme, soltando un suspiro, y abrió la puerta trasera con cuidado. Se inclinó hacia su hijo y le acarició suavemente el cabello antes de susurr

