Eme se despertó abrazada a Don, con su cuerpo cálido presionando contra el de ella. La confusión inicial dio paso rápidamente al horror cuando los recuerdos de lo que hicieron inundaron su mente. Sus ojos se abrieron de par en par y su corazón comenzó a latir descontroladamente. ¿Qué había hecho? Se sintió culpable, una idiota por haberse dejado llevar por la pasión de esa manera. Con sumo cuidado, se deslizó fuera del abrazo de su marido, quien seguía profundamente dormido, su respiración pesada y constante. El fuerte olor a alcohol aún emanaba de su piel, recordándole su estado de embriaguez. Recordó la vez anterior, con Magdalena, cuando él apenas tenía recuerdos de lo sucedido debido a la borrachera. Tal vez, pensó, podía negarlo todo y mantener la calma. "Como si no hubiera pasado na

