ESTE CAPÍTULO CONTIENE ESCENAS QUE PODRÍAN HERIR LA SUCEPTIBILIDAD DEL LECTOR Los días siguieron pasando, pero la salud de la niña, Angelique, se deterioraba cada vez más. Las convulsiones se volvían más frecuentes y las infecciones asolaban su frágil cuerpo. Eme no podía más que sufrir, presa de la impotencia, mientras Don insistía en salvarla a toda costa. Un día, la tensión acumulada estalló en una discusión entre Eme y Don. — ¿Salvarla de qué? — le preguntó Eme, con voz temblorosa, furiosa —.¿Acaso no ves que Angelique se está apagando, que poco a poco está muriendo? — dijo con las lágrimas apenas contenidas. Don se enojó visiblemente. Tomó la barbilla de Eme con fuerza, su expresión endurecida por la determinación. — Esta es una decisión de Dios, no de nosotros Eme — dijo con vo

