Habían decidido resolver esta de la mejor manera posible, Evangeline odiaba la forma en como se había comportado Darién al tratarla de una mentirosa psicópata, pero ¿Qué posibilidad había de que ella supiera toda la historia? Ninguna, exacto, pero seguía aferrado a que Evangeline Goldberg era una manipuladora.
Al llegar a la residencia de Bastián Evangeline es la primera en bajarse dando un portazo de impotencia sin importar lo que dijera el taxista, se acerco a la puerta y toco el timbre de la casa, pronto Darién se unió a ella en completo silencio. Detrás de la puerta se pudo escuchar como se acercaban pasos pesados y pronto esta se abrió.
— ¡Evangeline!
Nora Meyer fue una gran amiga cuando estuvieron en la universidad, así que la emoción de ver a su antigua amiga fue mucho, ambas tenían trabajos realmente estresantes y acaparadores. La única diferencia entre las dos es que Nora no estudio historia, el profesor Sebastián James o más bien Bastián de Tarcia daba una electiva sonde varias facultades podían tomar aquella clase, allí se conocieron y se hicieron inseparables.
— Hola Nora. — se acerca a ella y la abraza. — es bueno verte de nuevo.
— Lo mismo digo, hace mucho tiempo que dejamos de frecuentarnos. — responde. — ¿es tu novio?
— Para nada, más sin embargo es un amigo de Bastián.
El resto de Nora enseguida cambia.
— ¿Cómo te enteraste?
— Tal vez si nos dejas entrar te puedas enterar de este gran chisme.
— Adelante. — se hace a un lado para dejarlos pasar.
— ¿Cómo esta Alexander? — pregunta Evangeline.
— Aquel mocoso esta en su cuarto, desde que Sebastián le compro la Xbox no sale de su habitación a menos que sea para comer.
— Ya me lo imagino.
— Voy a buscar a Sebastián, esta en su oficina, de seguro le gustara recibir a un viejo amigo. — mira a Darién. — ¿tu eres el que desapareciste?
— Si. — responde Darién con una sonrisa a labios cerrados.
— Mucho gusto soy Nora, esposa de Sebastián o el hijo de Poseidón.
— El gusto es mío Nora.
— Bueno, sin tanta parla y tanto cuento ire por mi marido.
Nora los deja en medio de la sala y ambos se toman el atrevimiento de sentarse en el sofá. Ninguno de los dos se atrevía a decir nada, para no seguir con la discusión que tuvieron por la mañana la cual fue un poco fuerte. La sangre de Evangeline seguía hirviendo de rabia.
— Vaya sorpresa volverlos a ver. — Bastián de Tarcia entra a la sala cargando una pequeña niña y a su lado se encontraba Nora.
— Vaya, tienes dos hijos. — Darién lo ve con una sonrisa.
— Así es. — ve a la pequeña. — se llama Barbara. Vamos mi amor saluda a tu tío Darién.
La peñea Barbara se esconde en el cuello de su padre y de reojo ve a Darién.
— Es un poco penosa, pero cuando agarra confianza puede hacer tu cabello un nido. — explica Nora.
— Puedo notar que ya no eres rapunzel.
— ¿Quién es esa? — pregunta confundido el guerrero Macedonio.
— Es una mujer que su cabello mide como 5 metros. — le explica Bastián. — pero olvídalo ¿Qué los trae por aquí?
Darién me mira.
— Evangeline tuvo un sueño y dice que pudo ver todo lo que sucedió cuando desaparecí.
Bastián la ve con el ceño fruncido.
— Ok, escuchen con claridad lo que les voy a decir a los dos. — el profesor le da la bebe a su esposa. — Cuando tu desapareciste, Amerita se volvió “Loca” pero a los pocos días ella contrajo nupcias con un viajero el cual era muy rico. Ella tuvo tres hijos, dos niños y una niña y a cada uno lo vi crecer, ser padres y por último morir. Luego de 4 cuarta generación les perdí el rastro, pero cuando vi por primera vez a Evangeline supe que era una descendiente de Amerita, pero es la copia exacta de ella cuando del físico se trata.
Las miradas de Darién y Evangeline se cruzan con sorpresa, ninguno de los dos esperaba aquella confesión tan grande, pero a la vez eso explicaba mucho de lo que había soñado Evangeline.
— Cuando apareciste me dedique a buscar entre mis recuerdos cosas que parecieran inusuales y resulta que el día en que desapareciste, Eucalip la hermana de Amerita fue desterrada de Macedonia por profanar el templo de Hera, no es coincidencia que dos personas que son “Importante” en sus vidas desaparezcan como el chasquido de los dedos.
— Yo sé que fue lo que sucedió en realidad. — interviene Evangeline. — Amerita drogo a Darién por no querer ofrecerle la cabeza de Alejandro Magno.
— ¿Qué? — con sorpresa Bastián ve a Darién. ¿Por qué Amerita querría eso?
Darién no dice nada.
— Es porque Darién era el legitimo rey que debía reinar en Macedonia en aquel tiempo.
— ¡Que! — exclama con sorpresa. — ¿Por qué no sabia nada de esto?
— Porque no me gustaba mi destino, y mi tío era el indicado para hacerlo.
— ¡¿Tío?! Joder. — Bastián peina todo su cabello hacia atrás. — Darién, Alejandro hizo un gran trabajo, pero tu lo hubieras hecho muchísimo mejor, literalmente Ares apostaba por ti.
— Como sea. — baja su mirada y se encoge de hombros. Bastián niega con su cabeza y devuelve su mirada a Evangeline.
— ¿Qué sucedió después?
— Durante todo el tiempo que Darién estuvo por fuera, Amerita iba a un templo, supe tiempo después que era de Hera, al drogar a Darién lo arrastro hasta llegar al templo, estando allí Eucalip lo confronto y Amerita tomo represalias contra ella, la desnudo y también desnudo a Darién y cuando por la mañana se levanto Hera sin esperar explicaciones lo maldijo. Amerita s hizo la victima ante la diosa y castigo la “infidelidad” de su esposo con su hermana.
— Eso es mucho para que mi pequeño cerebro procese. — comenta Nora completamente sorprendida.
— Siempre sospeche que ella había tenido algo que ver con tu desaparición y tal vez el sueño de Evangeline lo comprueba.
— Eso solo un sueño.
Evangeline lo voltea a ver enojada.
— ¡No estoy inventando ni una mierda Darién de Macedonia y en mi vida había escuchado hablar de esa tal Amerita! — escupe.
— No me hables así.
— ¡Yo te hablo como se me da la gana, porque no estamos en la maldita antigua Grecia!
Se levanta del sofá ofuscada.
— Debes calmarte un poco Eva, Darién esta en un periodo de negación en el cual le cuesta aceptar que la que era su esposa lo traiciono. — Se acerca con una voz apaciguada Bastián. — y tú deja de ser un idiota con ella, la cual ha sido la única que te ha ayudado.
Reprende a Darién con severidad.
— Amor. — Se dirige a Nora. — ¿puedes subir con Alexander un momento?
— Esta bien.
Nora sube dejando a la pareja junto con su esposo.
— Se de alguien que nos puede ayudar a saber realmente lo que sucedió.
— ¿Quién? — pregunta Darién.
— Ya verán. — responde con chulería. — Chronos, sé que estas por ahí viejo estúpido.
— ¿Por qué estas llamando a un titan? — pregunta confundida Evangeline.
— No es un titan Eva, estoy llamando al dios del tiempo.
De repente todo comienza a temblar, algunas cosas de decoración en la casa comenzaron a caer estrellándose contra el suelo, Bastián esta normal, mientras que Evangeline se asustó y se sentó en el sofá. Una nube espesa de color amarillo se comenzó a formar en medio de la sala y pronto todo vuelve a la calma. La nube espesa comienza a tomar forma poco a poco y un hombre aparece.
— Espero que seas rápido caballito de mar, mi tiempo vale oro.
— ¿Acaso no te agrada ver a tu sobrino?
— Sabes que no. — hace una mueca. — ¿para qué me llamaste?
— ¿recuerdas a Darién? — señala a su amigo.
— Claro es hijo de…
— Bueno eso no importa ahora, la cosa es que ella. — señala a Evangeline. — es la viva imagen de su antigua esposa la cual según lo traiciono ante Hera. Evangeline soñó con todo lo sucedido, pero el dice que es toda una falacia, queremos que nos des un paseíto en el tiempo y nos muestres lo que realmente sucedió.
Chronos no dice absolutamente nada y mira a los tres presentes en la sala.
— ¿En serio me llamaste para esta pelea de maridos?
— Ya tu sabes cual es la condición. — Bastián se encoge de hombros.
— Pero en este caso no me corresponde a mi revelar lo que sea que vio la chica, debiste llamar a Morfeo, de seguro el fue quien le revelo lo sucedido.
— Lo sé, pero los tres queremos estar presentes cuando aquello sucedió y tu eres el rey del tiempo.
— Maldición Bastián, me colocas en una mala posición.
— Son mis términos tío.
— Ok, ok, agarren bien sus culos, daremos una vuelta.
y como por arte de magia, todo alrededor comenzó a cambiar, y el mismo escenario donde Evangeline estuvo aparece.
— Esto lo recuerdo. — habla la chica. — esta es la calle que tomaba Amerita para ir al templo de Hera y por esta otra se llega a la casa donde vivía junto a Darién.
Darién camina en la dirección señalada por Evangeline, sin importar que sus amigos quedaran atrás, él quería corroborar que lo dicho por Eva era mentira y que Amerita no lo engaño como se presume, ya que le dio todo lo que siempre quiso, la amo, la respeto y nunca la defraudo, pero aquel capricho de la cabeza de su tío no la podía cumplir.
Estaba apunto de entrar a la casa cuando Chronos se interpuso.
— ¿Qué haces?
— Necesito saber la verdad.
— Y lo sabrás muchacho, pero si entras y ves a tu yo del pasado la línea del tiempo cambiará y créeme que todo será un caos.
Unos pasos acercándose en aquella dirección dentro de la casa se escucharon, rápidamente Chronos tomo a Darién y lo llevo con el resto del grupo.
— Creo que estas capas ocultaran sus identidades. — el dios del tiempo chasquea los dedos y las capas aparecen encima de cada uno.
Amerita junto con Darién salen de la casa, la mujer planta un beso en los labios de su esposo y este se va, Evangeline reconoció que se traba aquella situación, al poco tiempo la esposa de Darién sale con una capucha cubriéndolo mitad del rostro.
— Hoy Bastián le dará el escudo a Darién. — informa Evangeline.
— ¿Cómo lo sabes si solo podías ver a través de los ojos de Amerita? — pregunto Bastián.
— Fácil ella simplemente se desdoblo y pudo ver todo como si fuera una película. — responde Chronos.
— Pero tenía un límite, si me iba muy lejos de Amerita había algo que me atraía con fuerza a ella.
— ¿En serio no le crees con todo lo que acaba de acertar? — Bastián se dirige a su amigo.
Darién no dice nada, lo cual hace enojar a Evangeline.
— Chronos llévanos a la noche de la tragedia. — Pide Evangeline.
En un chasquido nos encontrábamos detrás de una de las columnas del templo de Hera. Cada uno se asoma con cuidado y ven la escena.
Amerita le da un golpe a Eucalip y monta todo su teatro. De pronto ya era de mañana y Amerita se esconde entre uno de las columnas y ve todo el rollo.
La diosa Hera entraba cuando Darién se estaba levantando.
— ¡Tú! — Darién se sorprende al ver a la diosa. — Maldito! — y pronto un papel cae al suelo y no hay rastro de Darién. Hera lo toma entre sus manos. — traicionaste a tu esposa y es lo mínimo que te mereces.
Luego desapareció con el papel.
Amerita salió de entre las columnas y comenzó a reír como una desquiciada. Tan pronto como todo sucedió un hombre se acerco a ella y le entrego la bolsa con dinero, pero a aquel hombre no se le pudo ver el rostro. Chornos chasqueo sus dedos y de nuevo se encontrábamos en casa de Bastián. A Darién se le pudo notar un poco decepcionado, pero con justa razón la mujer que algún día le dijo que lo amaba lo traiciono de la forma más vil posible.
— Darién. — Evangeline intenta acercarse a él. Pero se aleja.
— No me toques. — escupe con rabia.
— Oye no es mi culpa lo que te hizo aquella mujer. — también se enoja Evangeline.
— Pero, me recuerdas a ella.
Aquellas palabras le dolieron a Evangeline, tal vez por el pasado de Darién ninguno de los dos iba a estar destinos a seguir juntos y de cierta forma era lo mejor para los dos.
Sin importar que, Evangeline salió por la puerta dejando a Darién junto al dios del tiempo e hijo de Poseidón. Por este tipo de razones Eva no se sentía preparada para tener una relación, luego de haber terminado con Damián, ero creyó tanto en sus instintos que termino fracasando de igual forma. Decidió no tomar un taxi necesitaba pensar durante un buen tiempo para resolver lo que se viene a continuación, porque la convivencia con Darién se tornara un poco extraña.
Al poco tiempo subió su mirada y se fijo que estaba en frente del hospital St Joseph, donde su padre estaba internado, tal vez él sabía algo al respecto de su familia, aunque diría que muy poco, porque los acontecimientos que vio en su sueño fueron de hace siglos.
— Buenas noches señorita Goldberg.
La saludo una de las enfermeras que atendía a su padre. Respondió con un asentimiento de cabeza y procedió a entrar en la habitación de Kurt Goldberg.
— Hija. — hablo con voz débil su padre.
— Hola papito. — se acerco a él y beso su frente.
— ¿Qué te trae por aquí a esta hora?
— ¿acaso no puedo venir a visitar a mi padre?
— Claro que si hermosa, pero siempre vienes por la mañana antes de ir a tu trabajo.
— He estado un poco ocupada, alguien se robo una de nuestras obras y como soy la encargada debo tramitar muchos papeles. En parte mintió, pero decía la verdad.
— Lo siento mucho mi niña, ven acuéstate junto a tu moribundo padre.
— No digas eso. — Evangeline se deshizo de sus zapatos y se acostó junto a su padre el cual a duras penas le hizo un espacio en la cama. — ¿Han venido a visitarte Bruno y Dominic?
— Bruno llamo, dijo que tenia mucho trabajo y no podía venir.
— ¿Y Dominic?
— No lo sé, tal vez se le olvido que tiene un padre.
— No te preocupes pa, aun me tienes a mí.
— Se que si cariño.
Ambos se quedan en silencio, Evangeline inspiro el aroma tan característico de su padre, ya que Kurt Goldberg jamás cambio de fragancia.
María Farina.
Aquella fragancia tenía un olor inexplicable, pero exquisita.
— Papá…
— Dime.
— ¿Cuál es nuestra historia familiar?
— ¿Por qué la pregunta?
— No lo sé, quizás simple curiosidad. — se encoge de hombros.
— Tu bisabuelo siempre nos contaba una historia y a tus tíos y a mí nos parecía como un cuento escrito por Homero, incluso a ti te las llego a contar.
— ¿En serio? — levanta su mirada hacia su padre.
— Si, solo que estabas muy pequeña, pero cuando eras una bebe y comenzabas a llorar el te tomaba entre sus brazos y te contaba la historia y como si fuera magia tu te callabas y lo mirabas directamente a los ojos. Tal vez por él empezaste a estudiar historia.
— ¿Y cual era la historia?
Él decía que nuestra familia provenía de la Atlántida, pero esa parte ninguno de nosotros la creía, más bien, proveníamos de alguna isla cerca de África, con el tiempo nuestros antepasados fueron de emigrando de pueblo en pueblo hasta llegar a la antigua ciudad de Atenas y de allí no se fueron nunca hasta una de las hijas decidido irse con su marido y con el pasar de los años sus hijos tuvieron hijos, los hijos de sus hijos, y los hijos de sus hijos de sus hijos se fueron regando por una gran extensión.
— ¿Y el bisabuelo como supo todo aquello?
— Porque tenia un libro, tu bisabuelo se lo dio y que ha estado en la familia durante muchos años.
— ¿Qué fue de ese libro?
— Lo tengo en casa. — confiesa.
— ¿En serio? — lo mira sorprendida.
— Claro, si quieres saber más puedes ir a casa y buscarlo, esta en mi oficina.
— Gracias papá.
— Sabes que para mi siempre será un placer.
Evangeline abrazo a su padre y se acomodó entre su pecho, cuanto le gustaría quedarse así por siempre, que su padre por razones divinas se mejore de su cáncer y que ambos puedan vivir como realmente selo merecían. Kurt Goldberg fue un verdadero papá, un guerrero, un hombre de alma noble. Pero muchas veces la vida castiga a las mejores personas.
— Lamento molestarlos, pero, señorita Goldberg, la hora de visitas ya culmino.
Una enfermera había entrado para interrumpir el momento de padre e hija.
A duras penas, Evangeline se levanto de la cama de su padre y se coloco sus zapatos.
— Mañana volveré y seguiremos hablando del bisabuelo.
— Me parece perfecto. — sonríe.
Evangeline contiene las lagrimas cuando esta a punto de salir del cuarto, la mayoría del tiempo tenía su teléfono con sonido y cuando este sonaba creía que era del hospital anunciando el descenso de su padre. Cuando se enteraron de la metástasis tenía pesadillas recurrentes en la cual su padre moría, pero gracias a un terapista ocupacional logro entender que en algún momento su padre puede fallecer, pero aun así era inevitable pensar en lo esperado.
— Mañana volveré y seguiremos hablando del bisabuelo.
— Me parece perfecto. — sonríe.
Evangeline contiene las lagrimas cuando esta a punto de salir del cuarto, la mayoría del tiempo tenía su teléfono con sonido y cuando este sonaba creía que era del hospital anunciando el descenso de su padre. Cuando se enteraron de la metástasis tenía pesadillas recurrentes en la cual su padre moría, pero gracias a un terapista ocupacional logro entender que en algún momento su padre puede fallecer, pero aun así era inevitable pensar en lo esperado.
Cuando salió del hospital tomo el primer taxi que pasaba por el lugar y le pidió que la llevara a la dirección indicada, cuando estuvieron allí pago por el servicio y vio la gran casa de su padre, estaba todo a oscuras y el césped estaba muy descuidado, hacia ya unos meses que no venia a limpiar un poco la casa. A penas el sol se estaba metiendo, el cielo tenia tonos amarillos y naranja dándole el toque perfecto al atardecer. Sin más preámbulo se acerco hasta la puerta y se empino para tomar la llave de repuesto que se metía en una pequeña repisa.
Un olor a viejo llego a sus fosas nasales y de inmediato estornudo gracias al polvo que había en el lugar, todo estaba como la ultima vez que estuvo allí, la nostalgia y los miles de recuerdos llegan a su cabeza como si de una película se tratara, como mataría por volver a años atrás cuando realmente era muy feliz.
Cuando salió del hospital tomo el primer taxi que pasaba por el lugar y le pidió que la llevara a la dirección indicada, cuando estuvieron allí pago por el servicio y vio la gran casa de su padre, estaba todo a oscuras y el césped estaba muy descuidado, hacia ya unos meses que no venia a limpiar un poco la casa. A penas el sol se estaba metiendo, el cielo tenia tonos amarillos y naranja dándole el toque perfecto al atardecer. Sin más preámbulo se acerco hasta la puerta y se empino para tomar la llave de repuesto que se metía en una pequeña repisa.
Un olor a viejo llego a sus fosas nasales y de inmediato estornudo gracias al polvo que había en el lugar, todo estaba como la ultima vez que estuvo allí, la nostalgia y los miles de recuerdos llegan a su cabeza como si de una película se tratara, como mataría por volver a años atrás cuando realmente era muy feliz.
Para evitar seguir dándole vueltas a sus sentimientos fue directo a la oficina de su padre, la cual era impresionantemente grande, pero sabia que muchos de sus libros favoritos los tenia de un lado especifico de la estantería. Busco entre libros y libros aquel que era de su bisabuelo, hasta que lo hayo, lo supo porque el color de las paginas estaban bastante desgastadas y la portada era un color rojo con marcos dorados y tenía como una especie de escudo.
Con cuidado lo tomo y estuvo a punto de salir a tomar un taxi cuando recordó algo.
Su padre tenia un auto bastante antiguo pero que su precio en el mercado asciende a 63 mil dólares, estaba en muy buen estado y era de color n***o, aun que tenia polvo, con un abuena lavada quedaría como nuevo, su idea era ir en ese auto a su departamento, pero dudaba si tenia gasolina, ya que no fue usado desde que su padre cayo en el hospital. Tomo las llaves las cuales estaban en la cochera e intento encenderlo, pero fue inútil, de seguro la gasolina se había secado, bajo del auto y busco por todos lados las reservas que algunas veces su padre hacía.
— ¡Bingo! — dijo cuando diviso un tarro, dejo el libro dentro del auto y procedió a rellenar el tanque.
Cuando estuvo todo listo encendió el auto y funciono como debía. Luego procedió a abrir el garaje y partir a casa cerrando hasta la ultima puerta de la casa de su padre. Sonrió con mucha tristeza cuando le propuso a su padre vender el Chevrolet impala del 67, de inmediato su padre se negó, ya que se lo había regalo su padre. Claramente se respeto su decisión y no se vendería por nada del mundo.
Evangeline llego a su departamento con el libro rojo, pero vaya sorpresa que se llevó cuando encontró a Darién sentado en el piso del corredor, de inmediato la furia volvió a invadir su cuerpo.
— ¿Qué haces aquí Darién?
— Evangeline yo… lo siento ¿sí? No fue mi intensión tratarte de esa forma, me deje llevar por la furia y termine desquitándome contigo.
— Pues no te perdono Darién, me hiciste sentir como si yo tuviera la culpa, cuando ella y yo somos dos personas completamente diferentes.
— Y lo sé. — intenta acercarse a Evangeline, pero esta se echa para atrás.
— No Darién. — habla con seriedad. — puedes quedarte en el departamento si quieres, después de todo es mi culpa que tu estés aquí, pero desde este momento no tenemos nada sentimental que compartir.
— Eva no tomes decisiones tan rápidas.
— Por esa misma razón de la rapidez nos encontramos en este aprieto, porque desde un instante estaba segura de que no quería aun tener una relación y mira como termino todo.
— Comprendo, no te molestare más y eso es lo que quieres, pero mientras que consigo un trabajo y comience a rehacer mi vida ¿puedo quedarme aquí?
Evangeline parece pensarlo, pero luego su voz de la razón le dice que no sea una hija de puta con el hombre que no tiene nada.
— Puedes quedarte cuanto necesites, solo que propongo que cada quien viva su vida sin importar el que dirán los demás.
— Esta bien acepto, prometo irme en cuanto tenga el suficiente dinero.
— Ok. — Evangeline asiente con su cabeza.
Sin más nada que decir, ambos se dirigen a sus respectivas habitaciones, ¿Qué más podían conversar dos personas que a duras penas se creen? Darién trato de una forma nefasta a Evangeline la cual simplemente le estaba abriendo los ojos y que no era necesario guardar la memoria de alguien tan mala como lo fue Amerita.
Pero ninguno de los dos sabia realmente lo que se avecinaba, el simple hecho de ver lo que hizo la ex esposa de Darién es la primera bola de helado en un gran tazón del cual comerán 20 personas. Era más claro que el agua que tiempos oscuros se iban a ir avecinando y cada cosa iba a caer como un domino.
La diosa Hera simplemente miraba como su esposo dormía plácidamente y estaba deseosa tomar la almohada y asfixiarlo, pero era inútil, Zeus era muchísimo más fuerte que ella, no se dejaría, toda su vida lo odiara por haberla hecho esta diosa insegura, la cual siempre tenia que denigrar todo tipo de seres simplemente porque su marido no podía controlar el pene y con cada chica que se acostaba un nuevo maldito semidios nacía. Pero muchas veces llego a creer que el estomago de Cronos era muchísimo mejor que este calvario junto con un dios que no comprendía que su tiempo había acabado.
— Deja de verme así.
— El día menos pensado te matare. — escupió enojada.
— No sabes cuanto me encantan tus palabras de amor amada mía,
— No seas sínico Zeus.
— Tu eres la loca que quiere convertir a todas mis amantes en monstruos, te recuerdo que ya no vivimos en el olimpo, esta es otra era.
— Y tu sigues sin maduras Zeus, ya es momento que dejes de crear semidioses.
— Sabes que necesito un ejército.
— ¿O sea que tu intención es matar a todos tus hijos?
— Son míos después de todos.
— No son tuyos, dejas a las chicas embarazadas y luego desapareces.
— Algún día volveré por ellos.
— Definitivamente eres igual que nuestro padre. — Hera le da la espalda a Zeus par ano ver más su cara de idiota.
— Escucha Hera, siento que te has debilitado un poco, porque yo recuerdo a una Hera más fuerte y tenaz, no esta debilidad tuya.
— Todos hemos cambiado, menos tú.
— Claro que no Poseidón sigue con lo suyo.
— Nuestro hermano esta buscando a su hijo y no va a descansar hasta encontrarlo.
— Es solo un capricho que tiene, luego se le pasara.
— Eres un desconsiderado.
— Ya sabes como soy.
Zeus no dijo más nada y se acomodó en la cama para tomar su sueño reparador, a pesar de tener milenios se conservaba muy bien y no como en las representaciones que hacían de él, lo primero que hará cuando vuelva a tomar el control es mandar a quemar todas sus imágenes y obligar a los humanos a dibujar nuevas imágenes suyas, ya que siendo el todo poderoso debía dar lo mejor de si, en su apariencia, así las generaciones que vayan creciendo conozcan la real apariencia del dios del olimpo, señor de los cielos y del trueno, porque su nombre es Zeus.
— Pero sabes que Hera, tu tampoco te escapas, se perfectamente cual es tu secreto.
— Ya déjame en paz.
— No lo hare, tu seguirás siendo mi mujer para siempre y por siempre y recuerda que entre esposo y esposa no hay secretos, porque si los hay la relación se deteriora.
Hera se carcajea.
— Déjame entender esto según tú “Nuestra relación” se esta “deteriorando” porque yo tengo secretos. — vuelve a reírse. — cuentas buenos chistes Zeus, debo admitirlo.
— ¿acaso alguna vez te he mentido?
— Si, y muchas veces.
— No, no, no tu sabes el nombre de cada una de las madres de mis hijos, porque planeas asesinarlas y asesinarlos en forma de venganza.
— Ellos no deben nacer y lo sabes.
— Soy el rey, y yo hago lo que se me da la gana, tu vuelves a tocar a uno de mis hijos, o colocarte en mi contra, la pagaras muy caro.
— No te tengo miedo.
— Pues deberías cariño, porque mi lado malo es mucho más fuerte y tu mejor que nadie lo sabe.
— Yo mejor me largo de este lugar, no soporto verte ni escucharte.
Y con un solo movimiento Hera escapo de su marido, tenia un departamento en el centro de la ciudad donde podía despejarse y pensar con tranquilidad como seria su siguiente plan para deshacerse de su esposo milenario. Pensó muchas veces en unirse con el nuevo dios, pero descarto aquello, porque al único que quiere traicionar es a Zeus, no al resto de sus hermanos.
Desde la torre más alta del mundo pudo ver las luces de las pequeñas casas aun encendidas, le gustaba mucho estar en aquel lugar, porque de cierta forma le hacia recordar cuando toco por primea vez la tierra, mientras que se servía un rico Whisky alguien toco la puerta de su departamento, farfullo enojada porque todavía no la dejaban descansar luego de un largo día.
Abrió la puerta y un muy joven Hermes le sonríe, aquel dios era el perfecto para llevar y traer información, aunque después de todo ese era su trabajo real, pero cuando sucedió todo Hermes quiso seguir siendo chismoso pero en una gran editorial muy famosa