Ese día me quedé con un presentimiento en mi pecho desde que me separé de Gabriel. Sabía que era un hombre que, a pesar de haber pasado tanto tiempo con él, nunca lo llegué a conocer realmente. Pasaron los días y mi hija se quedó esperando a su padre, pues realmente nunca vino. Varias veces intentó llamarlo, pero jamás le contestó. Aaron ya me había informado que lo despidieron de su trabajo. Quiero pensar que a eso se refería cuando dijo que tenía demasiados problemas. Mi hija está sentada en un pequeño sillón. Me acerco a ella y veo que sonríe cuando su celular se enciende. Pensé que era su padre, pero creo que no. — ¿Con quién hablas, hija? — Con Sofi, mamá. Quería ver si me dabas permiso de ir al cine. Cuando estoy a punto de contestar, Gabo y Román vienen bajando las escaleras. —

