A los pocos minutos la reacción se hizo aún mayor. Casi imposible de creerlo aunque ocurrió ante sus propios ojos la pequeña figura empezó a crecer hasta llegar a una altura superior a la de Abram, 2 metros en promedio creció y no solo eso, el color dorado empezó a desvanecerse para dar paso a un color grisaseo con un brillo rojo que provenía de la piel que se estaba formando sustituyendo al metal original. Las alas tomaron su propia forma moviéndose lentamente de un lado a otro. Las garras del ser crecían a tal tamaño como las de una bestia salvaje, solo de mirarlas el instinto pedía alejarse de ellas para no ser degollado. Las extremidades se hicieron muy anchas y pesadas. Los pies además de las afiladas garras hicieron grietas en el suelo como si fueran demasiado pesadas. El ambiente co

