Las almas cumplieron su función quedando atrapadas en esos cuerpos artificiales dándoles vida. El ser utilizó sus poderes lanzado una especie de fumarola roja que rodeó a todas y cada una de ellas. Después de un minuto el efecto empezó a reflejarse ante los ojos de Abram. Las nuevas creaciones empezaron a tomar movimiento, empezaron por despegar las patas del piso despegando un poco del cemento, lo siguiente en mover fueron sus cabezas en pequeños círculos para acostumbrarse al movimiento y al nuevo peso de sus partes. Abrían el hocico dejando asomar los nuevos y más macabros colmillos en sus interiores. Las garras afiladas se desplazaban por el piso rasgándolo muy notoriamente. Sus colas comenzaron a moverse de arriba abajo al mismo ritmo que sus ojos para adaptarse al lugar. Sus cuerpos

